Capítulo 4: El teléfono que debía desaparecer – News

Capítulo 4: El teléfono que debía desaparecer

Capítulo 4: El teléfono que debía desaparecer

Capítulo 4: El teléfono que debía desaparecer

El vecino todavía sostenía el teléfono contra su oído cuando escuchamos a alguien gritar al otro lado de la línea.

—¡Las llamas están llegando al techo!

Sentí que el corazón me golpeaba con fuerza.

El cobertizo estaba a pocos metros de la casa.

Y el teléfono estaba allí.

La única prueba que podía explicar por qué mi marido había estado vigilándome, por qué aquella cámara había grabado durante semanas y, sobre todo, quién era la persona que había estado cerca del pozo aquella noche.

—Tenemos que ir —dije.

El agente negó inmediatamente.

—Usted no puede salir del hospital.

—Entonces vaya usted.

El agente ya estaba sacando las llaves.

—Voy a enviar una patrulla.

El vecino dio un paso adelante.

—Yo conozco el cobertizo. Sé exactamente dónde estaba la caja.

El agente lo miró.

—¿Puede identificar el teléfono?

—Sí.

—Entonces acompáñeme.

Antes de que pudiera decir algo más, el agente salió de la habitación con el vecino.

Me quedé sola.

Por primera vez desde que había llegado al hospital, el silencio me pareció más aterrador que cualquier grito.

Miré mi teléfono.

No había nuevos mensajes.

Pero el último mensaje de mi marido seguía allí.

«No vuelvas a hablar de esa cámara.»

Lo abrí.

Lo leí otra vez.

Entonces hice algo que nunca habría hecho unos días antes.

Tomé una fotografía de la pantalla y se la envié al agente.

Quería que todo quedara registrado.

Pasaron unos veinte minutos.

Después, mi teléfono vibró.

Era el vecino.

Solo escribió:

«Lo encontramos.»

Mi respiración se detuvo.

Segundos después llegó otro mensaje.

«Pero está dañado.»

Luego apareció una fotografía.

El pequeño teléfono negro estaba sobre una mesa metálica. La carcasa estaba quemada por un lado, pero la pantalla todavía conservaba una pequeña zona iluminada.

—Por favor, enciéndelo —susurré.

El vecino respondió:

«El agente está intentando hacerlo.»

Esperé.

Un minuto.

Dos.

Finalmente llegó un mensaje.

«Hay archivos.»

Sentí un escalofrío.

El agente llamó inmediatamente.

—Tenemos el teléfono —dijo.

—¿Funciona?

—Parcialmente.

—¿Qué hay dentro?

Hubo un silencio.

—Grabaciones.

Cerré los ojos.

—¿De qué?

—De su casa.

Sentí que se me helaba el cuerpo.

—¿Durante cuánto tiempo?

—Todavía no lo sabemos.

—¿Desde cuándo?

El agente respiró profundamente.

—Desde hace cinco meses.

Cinco meses.

Exactamente desde el momento en que descubrí que estaba embarazada.

Me llevé una mano al vientre.

—¿Quién lo hizo?

—Eso es lo que estamos intentando averiguar.

—¿Y mi marido?

—Está bajo custodia.

—¿Sabe que encontraron el teléfono?

—No.

Sentí un extraño alivio.

Pero duró muy poco.

—Hay algo más —continuó el agente.

—¿Qué?

—Encontramos una carpeta protegida con contraseña.

—¿Puede abrirla?

—Estamos trabajando en ello.

Entonces escuché voces al fondo.

El agente se alejó un momento.

Cuando volvió, su voz era diferente.

—Necesito preguntarle algo.

—Dígame.

—¿Conoce a una mujer llamada Elena?

Sentí que el corazón se me detenía.

Elena.

La mujer de la chaqueta.

La misma mujer que mi marido había mencionado semanas atrás.

—Sí.

—¿Qué relación tiene con su marido?

—Eso es lo que no sé.

El agente guardó silencio.

—El teléfono tiene varias grabaciones en las que aparece ella.

Me incorporé.

—¿Con mi marido?

—Sí.

Sentí una mezcla de rabia y miedo.

—¿Estaban juntos?

—No puedo decirle eso todavía.

—Entonces, ¿qué hacían?

—Hablaban.

—¿De qué?

El agente tardó unos segundos en responder.

—De usted.

Sentí que el mundo se detenía.

—¿De mí?

—Sí.

—¿Qué decían?

—No quiero darle información incompleta.

Apreté las sábanas.

—Necesito saberlo.

El agente finalmente dijo:

—En una de las grabaciones, Elena le pregunta a su marido si usted ya sospecha algo.

Mi respiración se volvió más rápida.

—¿Y qué respondió él?

—Dijo que todavía no.

Cerré los ojos.

—¿Y después?

—Elena le preguntó si realmente pensaba continuar.

—¿Continuar con qué?

El agente no respondió.

—La grabación se corta.

Sentí lágrimas en los ojos.

Durante meses había pensado que mi marido simplemente quería controlarme.

Pero ahora parecía que había algo mucho más organizado detrás de todo aquello.

Algo que involucraba a otra persona.

—¿Hay más grabaciones?

—Sí.

—Entonces escúchelas.

—Eso estamos haciendo.

Pasaron unos segundos.

Luego el agente dijo:

—Hay una grabación de hace tres semanas.

—¿Qué ocurre?

—Su marido está hablando con Elena sobre el pozo.

Sentí que la sangre abandonaba mi rostro.

—¿El pozo?

—Sí.

—¿Qué dice?

La voz del agente se volvió más grave.

—Dice que usted nunca debería enterarse de lo que ocurrió allí antes.

Fruncí el ceño.

—¿Antes?

—Eso dijo.

—¿Antes de qué?

El agente guardó silencio.

Y entonces escuché un sonido detrás de él.

Una puerta cerrándose.

Luego pasos.

El agente se apartó del teléfono.

—Espere.

Escuché voces.

Una de ellas era masculina.

Después, el agente regresó.

—Tenemos que terminar esta llamada.

—¿Qué pasó?

—Mi compañero encontró algo dentro del cobertizo.

—¿Qué?

—Una caja metálica enterrada debajo del suelo.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

—¿Qué hay dentro?

—No lo sabemos todavía.

—Ábrala.

—Estamos esperando al equipo correspondiente.

—¿Por qué?

—Porque podría contener pruebas importantes.

Sentí que algo no encajaba.

—¿Qué más encontraron?

El agente respiró profundamente.

—Una segunda fotografía.

—¿De quién?

—De usted.

Me quedé completamente quieta.

—¿Cuándo fue tomada?

—Hace cinco meses.

—¿Dónde?

—En una consulta médica.

Sentí que se me cerraba la garganta.

Yo nunca había enviado aquella fotografía a nadie.

Entonces recordé mi primera visita al médico.

El día que confirmé el embarazo.

Mi marido me había dicho que no podía acompañarme porque tenía trabajo.

Pero alguien había estado allí.

Alguien había tomado una fotografía.

Alguien había comenzado a vigilarme desde aquel día.

—Quiero saber quién tomó esa fotografía —dije.

—Lo sabremos.

—No.

Mi voz salió firme.

—Quiero saberlo ahora.

El agente guardó silencio.

Entonces dijo:

—La fotografía fue tomada desde el estacionamiento.

—¿Y quién estaba allí?

—Estamos comprobándolo.

Una pausa.

—Pero el vehículo que aparece al fondo pertenece a Elena.

Sentí un vacío en el estómago.

Todo parecía conducir hacia ella.

La cámara.

El teléfono.

Las fotografías.

El pozo.

Mi embarazo.

Y mi marido.

Pero entonces el agente dijo algo que cambió completamente mi percepción.

—Hay un problema.

—¿Cuál?

—La grabación más antigua del teléfono no comienza con su marido.

—¿Entonces con quién?

—Con Elena.

—¿Hablando con quién?

El agente tardó unos segundos.

—Con otra persona.

—¿Quién?

Escuché cómo alguien entraba en la habitación donde estaba el agente.

Después, su voz llegó mucho más baja.

—Ya sabemos quién es.

—Dígame.

El agente respiró.

—Es la persona que llamó a la policía esta noche.

Sentí que el corazón se me detenía.

—¿El vecino?

—Sí.

No pude hablar.

El mismo hombre que me había ayudado.

El mismo que había dicho que iba a quedarse.

El mismo que había entregado la fotografía.

El mismo que había entrado en nuestro jardín.

El agente continuó:

—Pero hay algo que todavía no entendemos.

—¿Qué?

—La primera grabación fue hecha desde su casa.

Me quedé mirando la puerta.

—¿Desde su casa?

—Sí.

—¿Y qué hacía Elena allí?

El agente respondió:

—Eso es precisamente lo que estamos intentando averiguar.

Entonces escuché un ruido al otro lado de la llamada.

Un golpe seco.

Después, una voz.

La voz de mi marido.

—No confíes en él.

El agente se quedó en silencio.

Yo también.

—¿Cómo llegó mi marido hasta usted? —pregunté.

No hubo respuesta.

Y entonces comprendí que algo acababa de salir terriblemente mal.

Porque mi marido seguía bajo custodia.

Y, sin embargo, acababa de hablarme desde el teléfono del agente.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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