Capítulo 2: El secreto detrás de la capa – News

Capítulo 2: El secreto detrás de la capa

Capítulo 2: El secreto detrás de la capa

Capítulo 2: El secreto detrás de la capa

Alice dejó de reír.

Sus pequeños dedos apretaron con fuerza la figurita de Spider-Man que tenía sobre la manta.

—¿Qué cosa no sabe mamá? —preguntó.

Yo miré al oncólogo.

Hasta unos segundos antes, la habitación había estado llena de risas. Ahora, todos permanecían en silencio.

El médico se quitó lentamente la capa roja de Superman y la dejó sobre el respaldo de una silla.

—Alice —dijo con suavidad—, antes de contarte esto, quiero que sepas algo. Nada de lo que voy a decir significa que tengas que dejar de luchar. Y tampoco significa que sepamos exactamente qué ocurrirá después.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

—Doctor, ¿qué está pasando?

Él levantó una mano.

—Déjeme explicárselo primero a ella.

Me quedé callada.

El médico sacó una pequeña caja azul de uno de los bolsillos del disfraz.

Alice la miró con curiosidad.

—¿Es otro regalo?

—Sí. Pero no es un regalo mío.

Abrió la caja.

Dentro había una pequeña pulsera plateada con varios dijes de superhéroes.

Alice abrió la boca, sorprendida.

—¡Es preciosa!

—Todos los que trabajan contigo han elegido un dije —explicó—. Cada uno representa algo que hemos visto en ti durante este último año.

Spider-Man representaba su valentía.

Wonder Woman, su determinación.

Batman, su capacidad para seguir adelante incluso en los días oscuros.

Capitán América, su corazón.

Y Superman…

El médico sonrió.

—Superman representa algo que tú haces mejor que todos nosotros.

Alice lo miró.

—¿Qué?

—Haces que las personas quieran ser valientes.

Alice bajó la mirada hacia la pulsera.

Yo ya estaba llorando otra vez.

Entonces el médico respiró profundamente.

—Pero todavía falta una parte.

Sacó un sobre blanco.

Mi nombre estaba escrito en él.

PARA LA MAMÁ DE ALICE.

Me quedé completamente inmóvil.

—¿Qué es eso?

—Algo que el equipo médico ha estado preparando durante varios meses.

Tomé el sobre con manos temblorosas.

Lo abrí.

Dentro había varias páginas llenas de información médica.

Leí la primera línea.

Tuve que volver a leerla.

Y después otra vez.

—No entiendo…

El oncólogo se sentó frente a mí.

—Durante los últimos meses hemos estado realizando estudios adicionales sobre el tumor de Alice. Al principio, los resultados no eran concluyentes. Pero hace unas semanas recibimos los resultados de una prueba especializada.

Mi voz salió apenas como un susurro.

—¿Y?

Él miró a Alice.

—Encontramos algo que cambia las opciones que tenemos para tratarla.

Sentí que las piernas me temblaban.

—¿Qué significa eso?

—Significa que existe una terapia dirigida que podría ser adecuada para su caso.

Me llevé una mano a la boca.

Alice nos observaba sin comprender completamente la conversación.

—¿Entonces voy a mejorar? —preguntó.

El médico se acercó a ella.

—No puedo prometerte eso, pequeña. Pero ahora tenemos una posibilidad que antes no teníamos.

Alice pensó unos segundos.

—¿Una posibilidad de ganar?

Él sonrió.

—Una posibilidad de luchar de otra manera.

Ella levantó el puño.

—Entonces podemos hacerlo.

Todos los médicos comenzaron a sonreír.

Yo, en cambio, seguía mirando los documentos.

Había algo que no comprendía.

—Doctor, si descubrieron esto hace semanas… ¿por qué no me lo dijeron antes?

Su expresión cambió.

—Porque queríamos estar completamente seguros.

—¿Seguros de qué?

El oncólogo miró a sus compañeros.

—De que Alice pudiera acceder al tratamiento.

Sentí un nudo en el estómago.

—¿No está disponible?

El médico negó lentamente.

—Es extremadamente costoso y no forma parte del tratamiento estándar que recibe Alice.

Mi corazón volvió a hundirse.

—Entonces, ¿para qué me lo enseñan?

El médico sonrió.

—Porque no vamos a pedirle que lo pague.

Me quedé mirándolo.

—¿Qué?

Entonces señaló hacia la puerta.

Una de las enfermeras entró con otra caja.

Después entró otra persona.

Y otra.

Todos llevaban pequeñas tarjetas en las manos.

El oncólogo me entregó la primera.

—El personal del hospital organizó una campaña.

Me quedé sin palabras.

—¿Una campaña?

—Durante las últimas semanas, médicos, enfermeras, antiguos pacientes y familias que han conocido a Alice han estado recaudando fondos.

Me cubrí el rostro.

—No…

—Sí.

El médico sonrió.

—Y esta mañana alcanzamos la cantidad necesaria para iniciar el tratamiento.

Alice levantó la cabeza.

—¿Entonces tengo otro regalo?

Todos rieron.

El oncólogo volvió a arrodillarse junto a ella.

—Sí, Alice. Pero este regalo no cabe en una caja.

Ella frunció el ceño.

—¿Qué es?

El médico tomó su mano.

—Una nueva oportunidad.

Alice miró a su madre.

Yo ya no podía contener las lágrimas.

Pero entonces el oncólogo añadió algo que hizo que todos en la habitación guardaran silencio.

—Y hay una última cosa que necesitas saber, Alice.

Ella lo miró fijamente.

—¿Qué?

El médico señaló la puerta.

—La persona que hizo posible todo esto lleva esperando conocerte desde esta mañana.

La puerta comenzó a abrirse.

Y cuando vi quién estaba detrás, reconocí inmediatamente el rostro de una fotografía que había visto meses atrás.

Era una mujer que había sido paciente del mismo hospital.

Y llevaba en sus manos una pequeña caja roja.

Dentro había algo que podía cambiar el futuro de Alice.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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