Capítulo 4: La verdad de Amelia – News

Capítulo 4: La verdad de Amelia

Capítulo 4: La verdad de Amelia

Capítulo 4: La verdad de Amelia

No aparté los ojos de Amelia.

La primera pregunta que me vino a la cabeza fue sencilla.

—¿Quiénes?

Ella sostuvo mi fotografía militar entre los dedos.

—Los hombres que llevan tres años intentando descubrir dónde está la lista.

—¿Y tú has trabajado para ellos todo este tiempo?

Amelia cerró los ojos.

—Al principio, sí.

El hombre que estaba detrás de mí dio un paso hacia ella.

—No le creas.

Amelia lo miró.

—Tú tampoco conoces toda la historia.

—Sé suficiente.

—Entonces sabes por qué lo hice.

Él guardó silencio.

Yo no.

—Empieza desde el principio.

Amelia bajó lentamente la fotografía.

—Dominic conoció a Ethan antes de que tú lo conocieras. Ethan descubrió que algunos miembros de una operación habían filtrado información confidencial. La filtración provocó la muerte de varios hombres.

—Eso ya lo sé.

—No. Sabes lo que decía el informe oficial.

Sentí la mandíbula tensarse.

—Continúa.

—Ethan descubrió que Dominic estaba conectado con la red que había vendido esa información.

—¿Y tú?

Amelia respiró profundamente.

—Yo estaba investigando la misma red.

El desconocido soltó una risa amarga.

—Diles dónde trabajabas.

Amelia lo miró.

—No hace falta.

Yo sí quería saberlo.

—¿Dónde?

—En una oficina que colaboraba con investigaciones federales.

La miré fijamente.

—¿Y te acercaste a mí porque Ethan te pidió hacerlo?

—No.

—Entonces, ¿por qué?

Amelia tardó varios segundos en responder.

—Porque Ethan me dejó una instrucción.

Sacó otro sobre de su bolsillo.

Me lo entregó.

Había una letra que reconocí inmediatamente.

La de Ethan.

Abrí el sobre.

Dentro había una sola hoja.

“Si algo me sucede, encuentra a Logan. Él no sabe que lleva la pieza que falta.”

Levanté la mirada.

—¿Qué pieza?

Amelia respondió:

—Un código.

Sentí un vacío en el estómago.

—¿Qué código?

—Uno que permite identificar quién filtró la información de aquella operación.

El hombre intervino.

—Y por eso te siguieron durante años.

Amelia asintió.

—Cuando llegaste a Montana, Dominic ya sabía quién eras.

—¿Y tú?

—Yo también.

—Entonces nuestro matrimonio…

La voz se me quebró por primera vez.

Amelia bajó la mirada.

—Empezó como una misión.

El silencio fue insoportable.

Durante tres años había pensado que Amelia era la única persona con quien podía bajar la guardia.

Y ahora me decía que nuestra historia había comenzado como una operación.

—¿Alguna vez me quisiste?

Ella levantó los ojos.

No respondió inmediatamente.

—Al principio no sabía si podía confiar en ti.

—No fue lo que pregunté.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Sí.

La palabra salió casi sin sonido.

—Te amé mucho antes de saber cómo decírtelo.

Aparté la mirada.

No sabía qué hacer con aquella respuesta.

El hombre de la camioneta miró hacia la carretera.

—Tenemos que irnos.

—¿Por qué?

—Porque no tenemos mucho tiempo.

Amelia negó con la cabeza.

—Ya vienen.

En la distancia aparecieron dos pares de faros.

Vehículos oscuros.

Se acercaban rápidamente.

El desconocido abrió la puerta de su camioneta.

—¡Ahora!

Nos movimos.

No hubo disparos.

No hubo persecución cinematográfica.

Solo una salida rápida por una carretera secundaria mientras las luces de los vehículos desaparecían detrás de nosotros.

Durante varios minutos nadie habló.

Finalmente llegamos a un pequeño refugio de caza.

Amelia cerró la puerta.

Yo permanecí de pie junto a una ventana.

—Quiero toda la verdad.

—La tendrás.

—Sin más secretos.

—Sin más secretos.

Amelia colocó una memoria USB sobre la mesa.

—Aquí está todo.

—¿La lista?

—No.

Me miró.

—La lista está en otro sitio.

—¿Dónde?

Amelia señaló mi chaqueta.

Fruncí el ceño.

—¿Qué?

—Ethan sabía que iban a buscarla. Antes de morir, escondió la ubicación dentro de algo que tú llevabas contigo durante años.

Metí la mano en el bolsillo interior de mi chaqueta.

Saqué mi antigua placa militar.

La había conservado desde mi retiro.

Amelia señaló la parte posterior.

—Mira.

Había una pequeña marca que nunca había notado.

Un número.

Lo observé durante unos segundos.

Entonces lo entendí.

No era un número.

Era una referencia.

La misma referencia que aparecía en el expediente de Ethan.

—Dios mío.

Amelia asintió.

—La lista nunca estuvo en Montana.

—¿Dónde está?

—En la única persona en quien Ethan confiaba más que en mí.

La miré.

—¿Quién?

Amelia tragó saliva.

—Tu hermano.

Sentí que el aire desaparecía de la habitación.

—Mi hermano murió hace ocho años.

—Eso es lo que te hicieron creer.

No pude responder.

Amelia abrió la memoria USB.

En la pantalla apareció un archivo de vídeo.

Ethan.

Más joven.

Cansado.

Mirando directamente a la cámara.

—Logan, si estás viendo esto, significa que ya descubrieron que la lista existe.

Hizo una pausa.

—No confíes en los informes. No confíes en las identidades. Y, sobre todo, no confíes en la persona que te diga que tu hermano murió.

El vídeo terminó.

Me quedé mirando la pantalla negra.

Entonces el teléfono de Amelia vibró.

Ella lo miró.

Su rostro perdió el color.

—¿Qué ocurre?

Me mostró la pantalla.

Había un mensaje.

“Deja de buscar a Ethan.”

Debajo apareció otro.

“Tu hermano acaba de entrar en Montana.”

Y un tercer mensaje llegó antes de que pudiéramos reaccionar.

Era una fotografía.

Mi hermano aparecía de pie frente a una ventana.

Detrás de él había un hombre.

Dominic Vance.

Amelia levantó lentamente la mirada.

—Ahora entiendes por qué no podía contártelo.

Yo miré la fotografía una última vez.

Después guardé la memoria USB.

—No.

—¿No qué?

—Ahora entiendo por qué tengo que terminarlo.

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Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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