Capítulo 3 — El verdadero objetivo – News

Capítulo 3 — El verdadero objetivo

Capítulo 3 — El verdadero objetivo

Capítulo 3 — El verdadero objetivo

El mensaje seguía iluminando la pantalla del teléfono de Dustin.

«Tuviste una sola tarea. Ahora tenemos que ocuparnos del padre.»

Nadie habló durante varios segundos.

Uno de los agentes se acercó.

—Dustin, dame el teléfono.

Dustin no se movió.

—Ahora.

Finalmente, lo entregó.

El agente fotografió la pantalla y comenzó a revisar el mensaje.

Julian permaneció quieto.

No estaba pensando en Dustin.

Estaba pensando en Evelyn.

—¿Qué quiso decir con que había otra persona involucrada? —preguntó Julian.

El agente miró hacia la puerta.

—Eso es precisamente lo que estamos intentando averiguar.

Entonces sonó el teléfono de Julian.

Era Eleanor.

Contestó inmediatamente.

—¿Cómo está?

La voz de su esposa temblaba.

—Evelyn está despierta.

Julian cerró los ojos con alivio.

—¿Puedo hablar con ella?

—Sí, pero está asustada.

—Pásamela.

Hubo un breve silencio.

Después escuchó la voz de su hija.

—Papá…

—Estoy aquí, cariño.

Evelyn comenzó a llorar.

—Lo siento.

—No tienes nada que lamentar.

—Te dije que no hicieras nada.

—No hice nada de lo que estás pensando.

Evelyn respiró profundamente.

—Royce sabía dónde estaba yo.

Julian sintió que su expresión cambiaba.

—¿Cómo?

—Dustin le contaba todo.

—¿Por qué?

—Porque Royce estaba detrás de todo.

Julian miró al agente.

—¿Qué quería?

Evelyn guardó silencio.

—Quería que Dustin me convenciera de firmar unos documentos.

—¿Qué documentos?

—Una transferencia.

—¿De qué?

—De una cuenta bancaria.

Julian frunció el ceño.

—¿Tienes una cuenta que ellos quieren?

—No es mía.

—Entonces, ¿de quién?

La voz de Evelyn se quebró.

—Es tuya.

Julian quedó inmóvil.

—¿Qué?

—Hace años, cuando trabajabas para los Marines, alguien abrió una cuenta usando tus datos. Royce descubrió que existía. Dijo que había dinero allí.

Julian miró al agente.

—¿Cuánto dinero?

—No lo sé.

Evelyn sollozó.

—Mucho.

—¿Cómo lo supiste?

—Encontré documentos en el apartamento de Dustin.

El agente hizo una señal a otro oficial.

—Necesitamos esos documentos.

—Ya no están allí —respondió Evelyn—. Dustin los llevó al gimnasio.

Todos miraron hacia la oficina.

El entrenador palideció.

—¿Qué documentos?

Dustin bajó la mirada.

Julian caminó hacia él.

—¿Dónde están?

—No sé.

—Dustin.

El joven levantó la cabeza.

Por primera vez, no había arrogancia en sus ojos.

Solo miedo.

—Están en una caja fuerte.

—¿Dónde?

Dustin miró a su entrenador.

—Aquí.

El agente ordenó que todos se apartaran.

Después de unos minutos encontraron una pequeña caja fuerte oculta detrás de un panel de madera.

El entrenador insistió en que no sabía nada de ella.

Dustin proporcionó la combinación.

Dentro había varios documentos.

Uno llevaba el nombre de Julian Vance.

Otro llevaba el de Evelyn.

Y había un tercero con el nombre de Royce Clark.

El agente comenzó a fotografiarlos.

Julian observó uno de los documentos.

Reconoció el nombre de la empresa.

Clark Financial Holdings.

—¿Qué tiene que ver mi hija con esto?

Dustin respondió en voz baja.

—Royce descubrió que tu nombre estaba asociado a una cuenta utilizada para mover dinero. Necesitaba que Evelyn firmara una autorización para acceder a parte de esos fondos.

—¿Y tú la golpeaste porque se negó?

Dustin cerró los ojos.

—Sí.

Julian sintió una oleada de rabia.

Pero no perdió el control.

—¿Y después?

—Royce dijo que si ella hablaba, se ocuparía de ustedes.

El agente tomó el teléfono de Dustin.

—Tenemos suficiente para llevarnos estos documentos.

Entonces otro agente entró corriendo.

—Tenemos un problema.

Todos se giraron.

—¿Qué ocurre?

—Royce no está en su casa.

—¿Dónde está?

El agente miró su teléfono.

—Tenemos imágenes de una cámara de tráfico.

Mostró la pantalla.

Era una camioneta negra.

La matrícula coincidía con uno de los vehículos vinculados a Royce.

La imagen mostraba que había tomado la carretera que conducía directamente al hospital.

Julian sintió un escalofrío.

—Eleanor está allí.

Sacó su teléfono.

Llamó.

Nadie respondió.

Volvió a llamar.

Esta vez alguien contestó.

Pero no era Eleanor.

Era un hombre.

—Julian.

La voz era tranquila.

Demasiado tranquila.

—Royce.

El hombre soltó una pequeña risa.

—Veo que finalmente empezaste a hacer preguntas.

Julian apretó el teléfono.

—Aléjate de mi esposa y de mi hija.

—No estoy interesado en ellas.

—Entonces, ¿qué quieres?

—Lo que tu familia escondió durante años.

Julian guardó silencio.

—No sé de qué hablas.

—Sí lo sabes.

Royce hizo una pausa.

—Tu antiguo comandante lo sabía. Tu padre también.

Julian sintió un golpe en el pecho.

—¿Qué tiene que ver mi padre?

—Mucho más de lo que imaginas.

—¿Dónde está Eleanor?

—Está bien.

—Quiero hablar con ella.

—Eso puede arreglarse.

—¿Qué quieres?

Royce respondió:

—Ven al antiguo almacén de Clark.

—¿Solo?

—Solo.

Julian miró a los agentes.

Royce continuó:

—Y trae contigo los documentos.

La llamada terminó.

El agente negó con la cabeza.

—No vas a ir.

Julian lo miró.

—No pienso obedecer sus condiciones.

—Entonces, ¿qué harás?

Julian observó los documentos sobre la mesa.

Durante quince años había enseñado a otros hombres a mantener la calma bajo presión.

Ahora tenía que aplicar la misma disciplina.

—Primero vamos a encontrar a mi esposa.

El agente asintió.

—Y después?

Julian miró nuevamente la fotografía de Royce.

—Después descubriremos por qué mi nombre aparece en una cuenta que yo nunca abrí.

En ese momento, el teléfono de Julian recibió un mensaje.

Era una fotografía.

Eleanor estaba sentada en una silla.

No parecía herida.

Pero detrás de ella había un reloj de pared.

Julian amplió la imagen.

Reconoció inmediatamente aquel lugar.

Había estado allí muchos años atrás.

No era un almacén cualquiera.

Era una antigua instalación de entrenamiento que había pertenecido a una empresa contratista vinculada al ejército.

Y Julian conocía perfectamente aquel edificio.

Porque él mismo había diseñado parte de sus sistemas de seguridad.

Entonces vio algo en el fondo de la fotografía.

Una puerta metálica.

Y sobre ella, un número.

17.

Julian se quedó completamente quieto.

—¿Qué ocurre? —preguntó el agente.

Julian levantó la mirada.

—Sé dónde está.

—¿Dónde?

—Y sé por qué Royce me quiere allí.

El agente esperó.

Julian señaló la fotografía.

—Esa puerta no se abre desde el exterior.

—¿Cómo lo sabes?

Julian respiró lentamente.

—Porque hace quince años fui uno de los hombres que construyó ese lugar.

Y entonces comprendió algo todavía peor.

Si Royce había llevado a Eleanor allí, no lo había hecho por casualidad.

Había elegido el único lugar donde estaba convencido de que Julian tendría que entrar.

Y, esta vez, Julian sabía que no iba a ser una simple confrontación.

Era una trampa preparada específicamente para él.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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