CAPÍTULO 2 — LA RANA QUE ESCONDÍA UN SECRETO – News

CAPÍTULO 2 — LA RANA QUE ESCONDÍA UN SECRETO

CAPÍTULO 2 — LA RANA QUE ESCONDÍA UN SECRETO

CAPÍTULO 2 — LA RANA QUE ESCONDÍA UN SECRETO

Me quedé completamente inmóvil.

—¿Mi foto? —pregunté, intentando mantener la voz tranquila.

Amy levantó con cuidado un pequeño pedazo de porcelana. Debajo había algo que no parecía formar parte de la rana.

Una fotografía.

Era vieja, amarillenta y estaba doblada varias veces.

Amy la sacó con sus pequeños dedos y me la entregó.

En cuanto la vi, sentí que el aire desaparecía de la habitación.

Era yo.

Pero no la mujer que Amy conocía.

La fotografía mostraba a una versión mucho más joven de mí, quizá de unos veinte años. Estaba frente a una casa que reconocí inmediatamente.

Era la casa donde había crecido.

Y junto a mí aparecía una mujer mayor.

Mi madre.

La mujer que había muerto cuando yo tenía veintidós años.

—Mamá… —susurró Amy—. ¿Por qué hay una foto tuya dentro de una rana?

No respondí.

Mis manos empezaron a temblar.

Durante años había pensado que aquella fotografía se había perdido.

De hecho, recordaba perfectamente haberla guardado en una caja junto con las pocas cosas que conservaba de mi madre.

Pero había algo aún más extraño.

En la parte posterior de la fotografía había una frase escrita a mano.

Reconocí inmediatamente la letra.

La letra de mi madre.

“Si algún día encuentras las treinta y tres, no confíes en quien diga que fue una coincidencia.”

Sentí un escalofrío.

—¿Qué dice, mamá? —preguntó Amy.

Le di la vuelta a la fotografía otra vez.

No quería que mi hija viera aquello.

—Nada importante, cariño.

Amy frunció el ceño.

—Pero estás llorando.

Me limpié rápidamente las lágrimas.

—Es una fotografía antigua. Me sorprendió verla.

Entonces escuchamos tres golpes en la puerta.

TOC. TOC. TOC.

Amy se quedó quieta.

Yo también.

No esperábamos a nadie.

Me levanté lentamente y miré por la pequeña mirilla.

Era la anciana de la venta de garaje.

La misma mujer que me había vendido las ranas.

Abrí la puerta apenas unos centímetros.

—¿Qué hace aquí?

Ella miró por encima de mi hombro.

Sus ojos fueron directamente hacia los pedazos de porcelana que estaban en el suelo.

Y cuando vio la fotografía en mi mano, su rostro perdió el color.

—Así que finalmente ocurrió —murmuró.

—¿Qué ocurrió?

La mujer respiró profundamente.

—Una de ellas se rompió.

Sentí que el corazón me golpeaba el pecho.

—¿Qué sabe usted de estas ranas?

La anciana no respondió inmediatamente.

Miró a Amy.

Después volvió a mirarme.

—¿Tu hija se llama Amy?

—Sí.

La mujer cerró los ojos durante unos segundos.

—Entonces no me equivoqué.

—¿En qué?

Ella metió la mano en su bolso y sacó un sobre pequeño.

Me lo entregó.

En el frente había una sola palabra escrita:

“PARA ELLA.”

—¿Para mí?

—No exactamente.

Miró a Amy.

—Para tu hija.

Amy dio un paso hacia nosotros.

—¿Para mí?

La anciana asintió.

—Pero tu madre debe decidir cuándo puede abrirlo.

Sentí un nudo en el estómago.

—¿Quién le dio esto?

La mujer bajó la voz.

—Tu madre.

Me quedé paralizada.

—Eso es imposible. Mi madre murió hace casi dieciocho años.

—Lo sé.

—Entonces, ¿cómo…?

La anciana se acercó un poco más.

—Porque ella me entregó las ranas mucho antes de morir.

Miré la caja.

Treinta y tres ranas.

Treinta y tres pequeñas figuras de porcelana que, hasta hacía unas horas, pensaba que eran simples adornos baratos.

—¿Por qué las tenía usted?

La mujer me miró fijamente.

—Porque tu madre me pidió que las conservara hasta que aparecieras.

Sentí que las piernas me fallaban.

Me apoyé en el marco de la puerta.

—¿Apareciera?

—Sí.

—¿Y cómo sabía que iba a comprar las ranas?

La anciana negó lentamente con la cabeza.

—No sabía que las comprarías tú. Solo sabía que, algún día, necesitarías encontrarlas.

Amy miró el sobre.

—Mamá, ¿puedo abrirlo?

No sabía qué hacer.

Una parte de mí quería tirar todo aquello a la basura.

Otra parte necesitaba respuestas.

Finalmente asentí.

Amy abrió el sobre.

Dentro había una pequeña llave dorada.

Y una nota.

Amy me la entregó.

La leí.

Solo tenía una frase:

“Busca el número 33 donde comenzó todo.”

Levanté la mirada.

—¿Qué significa eso? —preguntó Amy.

No tuve tiempo de responder.

La anciana ya estaba alejándose por el pasillo.

—¡Espere! —grité.

Ella se detuvo.

—¿Dónde está la número treinta y tres?

La anciana se volvió lentamente.

Su expresión era seria.

—No la vendí.

Sentí que se me helaba la sangre.

—¿Qué quiere decir?

La mujer señaló la caja.

—Compraste treinta y tres porque eso era exactamente lo que había sobre la mesa.

Hizo una pausa.

—Pero originalmente eran treinta y cuatro.

Amy abrió mucho los ojos.

—¿Dónde está la otra?

La anciana me miró directamente.

—La tiene tu exmarido.

Y entonces se marchó.

Cerré la puerta lentamente.

Durante varios segundos, ni Amy ni yo dijimos una palabra.

Miré las treinta y tres ranas.

Después miré la fotografía.

Mi madre.

La llave.

La nota.

Y finalmente pensé en mi marido.

El mismo hombre que tres meses antes había vaciado nuestra cuenta, cambiado las cerraduras y me había dejado prácticamente sin nada.

¿Por qué tendría él una rana de porcelana?

Y, sobre todo…

¿Qué había escondido mi madre dentro de la número treinta y cuatro?

Esa noche, después de que Amy se durmiera, llamé al abogado.

—Necesito preguntarle algo —dije.

—¿Qué ocurre?

Miré la pequeña llave dorada sobre la mesa.

—¿Puede averiguar si mi marido se llevó algo de la casa que pertenecía a mi madre?

Hubo un silencio al otro lado.

—¿Por qué?

Tragué saliva.

—Porque creo que mi marido tiene algo que nunca debió encontrar.

Y mientras hablaba, escuché un ruido detrás de mí.

Una de las ranas restantes acababa de moverse.

Cayó lentamente de la mesa.

Pero no se rompió.

Se quedó apoyada sobre un costado.

Debajo de ella había una pequeña marca grabada en la porcelana.

El número:

33.

👉Toca para pasar a la siguiente sección 👈

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

Related Articles