Capítulo 3: El secreto que mis padres habían ocultado durante años
Capítulo 3: El secreto que mis padres habían ocultado durante años
Aquella noche, después de que todos los invitados se marcharan, Brooke y yo nos sentamos en la cocina. Oliver dormía en su habitación, abrazado a uno de sus dinosaurios.
Puse la fotografía sobre la mesa.
—Alguien estuvo vigilando nuestra casa —dije.
Brooke examinó la imagen con el ceño fruncido.
—Esto ya no tiene que ver solamente con tu madre. ¿Por qué Craig necesita dinero otra vez?
Saqué el teléfono y volví a leer el mensaje de mi hermano.
—Voy a llamarlo.
Craig contestó al tercer tono.
—¿Qué quieres, Nick?
—Quiero saber qué está pasando.
—Mamá ya te lo explicó. Necesitamos ayuda.
—No. Mamá me dejó una nota amenazándome. Quiero escucharlo de ti.
Hubo un silencio.
—Tengo un problema financiero —admitió finalmente—. Nada que no pueda solucionarse.
—¿Cuánto dinero?
—No importa.
—Entonces no necesitas mi ayuda.
Estaba a punto de colgar cuando Craig soltó:
—Son ciento ochenta mil dólares.
Me quedé helado.
—¿Qué?
—Invertí en unas propiedades. El socio desapareció y ahora los prestamistas quieren recuperar su dinero.
—¿Y por qué tendría que pagarlo yo?
—Porque tienes un buen trabajo, una casa y una familia estable. Puedes conseguir un préstamo.
Solté una carcajada amarga.
—¿Así que después de cuatro años sin preguntar por Oliver, mamá aparece con un oso de peluche para pedirme que pague tus deudas?
—No lo entiendes. Papá y mamá también están involucrados.
Aquellas palabras me hicieron enderezarme.
—¿Qué significa eso?
Craig respiró profundamente.
—Pusieron su casa como garantía para ayudarme. Si no consigo el dinero antes de fin de mes, podrían perderla.
Por un instante sentí lástima. Después recordé los doce mil dólares que mi madre me había exigido años atrás, sin siquiera explicarme para qué los necesitaba.
—¿Y por qué no vendes tu camioneta?
—Ya no la tengo.
—¿Y tus inversiones?
—Las perdí.
—Entonces vende algo más.
—¡No tengo nada que vender, Nick!
Su voz se quebró, pero enseguida recuperó aquel tono autoritario que siempre utilizaba cuando quería conseguir algo.
—Eres mi hermano. Se supone que debes ayudarme.
—Ser hermanos no significa que yo tenga que pagar las consecuencias de tus decisiones.
Colgué.
Brooke me observaba en silencio.
—No vas a darles ese dinero, ¿verdad?
—No lo sé —respondí—. Pero necesito averiguar qué hicieron realmente.
A la mañana siguiente llamé a un abogado especializado en asuntos inmobiliarios. Le expliqué lo de la fotografía, la nota y la deuda de Craig. También le pedí que investigara si mis padres habían utilizado mi nombre o mis datos en algún documento.
Dos días después recibí su llamada.
—Nick, encontramos algo preocupante.
Me envió varios documentos por correo electrónico.
Al revisarlos, sentí que se me helaba la sangre.
Había una solicitud de préstamo presentada a una entidad financiera. En ella aparecían mis ingresos, mi dirección anterior y hasta el nombre de mi empleador.
Pero yo jamás había solicitado aquel préstamo.
Y lo más grave era que el documento llevaba una firma que pretendía ser la mía.
—¿Quién presentó esto? —pregunté.
—La solicitud fue tramitada por una persona que declaró tener autorización de su parte. Estamos intentando identificarla.
Miré la pantalla.
En la última página aparecía el nombre del contacto de emergencia: Diane, mi madre.
Aquella tarde recibí una llamada de Glenn.
Era la primera vez que mi padre me llamaba en casi dos años.
—Nick, tenemos que hablar.
—¿Ahora sí recuerdas que tienes otro hijo?
—No empieces. Tu madre está muy afectada por lo ocurrido el sábado.
—¿Sabías que Craig había utilizado mis datos?
El silencio al otro lado fue suficiente para comprender que sabía más de lo que estaba diciendo.
—Tu hermano cometió un error —respondió finalmente—. Pero sigue siendo familia.
—¿Utilizó mi identidad para pedir dinero?
—Solo estaba intentando conseguir una solución.
Apreté el teléfono.
—¿Y tú lo permitiste?
—Tu madre pensó que, cuando supieras lo de la casa, ayudarías voluntariamente.
Me levanté de la silla.
—¿Por eso aparecieron en el cumpleaños de mi hijo? ¿Para hacerme sentir culpable delante de todos?
—No queríamos arruinar su cumpleaños.
—Pues lo hicieron.
Mi padre suspiró.
—Escúchame, Nick. Si no consigues ese dinero, Craig podría terminar en problemas mucho más graves. Y nosotros perderemos la casa.
—Entonces deberían haber pensado en eso antes de falsificar mi firma.
Colgué.
Pero todavía quedaba algo que no entendía.
¿Por qué mi madre había llevado aquel oso de peluche si su verdadero objetivo era conseguir dinero?
Esa noche, Brooke revisó nuevamente la fotografía que habían dejado en el sobre. Al darle la vuelta, encontró una pequeña anotación en una esquina.
Era una fecha.
Y debajo, cuatro palabras:
«El niño también cuenta».
Brooke me miró, pálida.
—Nick… ¿crees que quieren utilizar a Oliver para conseguir algo?
Antes de que pudiera responder, llegó un mensaje de un número desconocido.
Era una fotografía de un documento judicial.
En el encabezado aparecía mi nombre completo.
Y en el apartado de solicitantes figuraban mis padres.
Habían iniciado un procedimiento para reclamar derechos de contacto con Oliver.
No querían simplemente conocer a su nieto.
Estaban dispuestos a llevarnos ante un juez para conseguirlo.