Capítulo 3: La mujer que había construido el imperio de Daniel
Capítulo 3: La mujer que había construido el imperio de Daniel
A las 11:36 de la mañana, Daniel recibió una llamada de Marcus Reed, su socio principal.
—Daniel, necesito que vengas a la oficina inmediatamente.
—Estoy ocupado. ¿Qué sucede?
—El consejo ha convocado una reunión extraordinaria. Hay un problema con la financiación de la empresa.
Daniel miró la carpeta azul que Claire había dejado sobre la mesa.
—¿Tiene algo que ver con Claire?
Al otro lado de la línea hubo un silencio incómodo.
—Precisamente por eso necesitamos hablar.
Daniel llegó a las oficinas de Mercer Consulting veinte minutos después.
Marcus lo esperaba en la sala de juntas junto a dos abogados y la directora financiera, Helen Brooks.
Sobre la mesa había varios documentos.
—¿Qué está pasando? —preguntó Daniel.
Helen abrió una carpeta.
—Hemos recibido una notificación formal relacionada con la estructura de financiación original de la compañía.
—¿Y?
—La empresa que aportó el capital inicial tiene derechos contractuales que nunca hemos ejercido ni revisado adecuadamente.
Daniel frunció el ceño.
—Eso es imposible. Mi consultora pertenece a mí.
Marcus intercambió una mirada con Helen.
—Daniel, ¿recuerdas quién consiguió los primeros 750.000 dólares para poner en marcha este negocio?
—Claire consiguió el contacto con un inversor. Eso fue hace nueve años.
—No exactamente —respondió Marcus—. Claire no consiguió un contacto. Ella fue quien autorizó la financiación a través de una sociedad familiar.
Daniel sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
—¿Una sociedad familiar?
Helen deslizó un documento hacia él.
En la primera página aparecía el nombre de una empresa: Whitmore Capital Holdings.
Daniel reconoció el nombre. Había escuchado hablar de aquella compañía durante años, pero siempre había supuesto que se trataba de un inversor institucional independiente.
—¿Qué tiene que ver Claire con esto?
Marcus respiró profundamente.
—Es una de las principales beneficiarias de la sociedad. Y, según los documentos originales, tiene autoridad para solicitar una revisión de las condiciones de financiación cuando se produce un incumplimiento grave.
Daniel se dejó caer en una silla.
De repente recordó todas las veces que Claire había insistido en revisar las cuentas de la empresa. Todas las ocasiones en que él había respondido que esos asuntos eran demasiado complicados para ella.
Había confundido su silencio con ignorancia.
Mientras tanto, Claire estaba sentada en una pequeña cafetería de Evanston.
Frente a ella se encontraba su abogada, Rebecca Collins.
—¿Estás segura de que quieres proceder? —preguntó Rebecca—. Una revisión financiera podría afectar temporalmente a las operaciones de la empresa.
Claire sostuvo su taza con ambas manos.
—No quiero destruir su empresa. Quiero proteger lo que me pertenece y asegurarme de que no siga utilizando nuestros recursos para financiar sus mentiras.
Rebecca asintió.
—Hay otra cuestión. Hemos encontrado transferencias que no parecen relacionadas únicamente con su aventura.
Claire levantó la mirada.
—¿Qué quieres decir?
La abogada sacó varios extractos bancarios.
—Parte del dinero salió de la cuenta conjunta y terminó en una sociedad registrada a nombre de Sabrina Keller.
Claire sintió un nudo en el estómago.
—¿Cuánto?
—Ciento cuarenta mil dólares, repartidos en distintas operaciones.
Claire miró los documentos.
Había pensado que Daniel simplemente estaba gastando dinero en hoteles, regalos y viajes.
Pero aquello era diferente.
—¿Crees que Sabrina sabía de dónde venía el dinero?
—Todavía no podemos demostrarlo. Pero hay algo más preocupante. La sociedad recibió transferencias de una cuenta vinculada a Mercer Consulting.
Claire permaneció en silencio.
Aquello ya no era solamente una traición matrimonial.
Podía tratarse de una operación financiera que involucraba directamente a su empresa familiar.
—Quiero que investigues cada transferencia —dijo finalmente—. No voy a permitir que nadie utilice mi nombre para esconder dinero.
A las dos de la tarde, Daniel recibió otro mensaje.
Esta vez era de Sabrina.
«Necesitamos hablar. Hay algo que no me contaste sobre Claire».
Daniel llamó inmediatamente.
—¿Qué quieres decir?
—He estado revisando unos documentos que encontré en tu despacho.
—¿Por qué estabas revisando mis cosas?
—¡Porque alguien me llamó esta mañana preguntando por las transferencias!
Daniel cerró los ojos.
—Sabrina, tranquilízate.
—No me digas que me tranquilice. Me dijiste que tu matrimonio estaba prácticamente terminado. Me dijiste que Claire no tenía ningún interés en tu empresa.
Daniel no respondió.
—¿Sabías que ella estaba relacionada con Whitmore Capital?
—Acabo de enterarme.
Sabrina soltó una risa nerviosa.
—Pues deberías haberlo averiguado antes de involucrarme en tus asuntos.
—¿Qué documentos encontraste?
—Una copia de una transferencia de 140.000 dólares. Daniel, esa cantidad aparece vinculada a mi sociedad.
Él se quedó helado.
—¿Quién te entregó ese documento?
—No importa. Lo importante es que quiero saber qué está pasando.
La llamada terminó abruptamente.
Daniel permaneció mirando su teléfono.
Por primera vez empezó a sospechar que Sabrina también le había ocultado algo.
A las cinco y media, regresó a casa.
Esperaba encontrar a Claire, pero la vivienda estaba vacía.
Sobre la mesa había una nota:
«No vuelvas a utilizar mis recursos para cubrir tus decisiones. Mi abogada se pondrá en contacto contigo».
Daniel arrugó el papel.
Entonces vio un segundo sobre debajo de la nota.
Era una invitación a una reunión extraordinaria de Whitmore Capital Holdings.
La fecha era el lunes siguiente.
Y su nombre aparecía entre los asistentes.
En la última página había una lista de los miembros autorizados para votar sobre el futuro de la financiación de Mercer Consulting.
Daniel leyó los nombres una vez.
Después otra.
Hasta que llegó al último.
Claire Elizabeth Mercer — Presidenta del comité de inversión.
Sintió que le faltaba el aire.
Su esposa no era simplemente la mujer que había apoyado sus sueños desde el principio.
Era una de las personas que podía decidir si su empresa continuaba funcionando.
Pero justo cuando Daniel comenzaba a comprender la magnitud de su error, recibió un correo electrónico de Marcus.
El asunto decía:
«URGENTE: Hemos descubierto quién autorizó las transferencias a Sabrina».
Daniel abrió el mensaje.
Y al leer el nombre de la persona que había firmado las operaciones, comprendió que quizá Claire no había sido la única persona que le había mentido.
Porque la firma no pertenecía a Sabrina.
Ni tampoco a Claire.
Pertenecía a alguien que Daniel consideraba su amigo y en quien había confiado durante los últimos nueve años.