Capítulo 4: El socio que había robado detrás de su propia espalda – News

Capítulo 4: El socio que había robado detrás de su propia espalda

Capítulo 4: El socio que había robado detrás de su propia espalda

Capítulo 4: El socio que había robado detrás de su propia espalda

Daniel leyó el correo electrónico tres veces.

El nombre que aparecía al final del documento era Marcus Reed.

Su socio.

Su amigo desde hacía doce años.

El hombre que había estado a su lado cuando Mercer Consulting no era más que una pequeña oficina con dos escritorios prestados y un ordenador antiguo.

Daniel sintió que la rabia le subía por el pecho.

Tomó el teléfono y lo llamó inmediatamente.

—Marcus, ¿qué demonios significa esto?

—Daniel, puedo explicártelo.

—¡Tu firma aparece autorizando las transferencias a la sociedad de Sabrina!

Al otro lado de la línea hubo un silencio.

—No hagas nada hasta que hablemos personalmente.

—¡Quiero una explicación ahora!

—Entonces ven a la oficina. Pero no vengas solo.

La llamada terminó.

Daniel agarró las llaves del coche y salió de casa.

A las seis y veinte, encontró a Marcus en la sala de juntas.

Helen Brooks también estaba allí, acompañada por dos abogados externos.

Daniel arrojó los documentos sobre la mesa.

—Explícame por qué autorizaste 140.000 dólares a una empresa relacionada con Sabrina.

Marcus se acomodó en su silla.

—Porque tú me lo pediste.

—¡Yo nunca autoricé eso!

Marcus sacó su ordenador portátil.

—Tengo los correos electrónicos. También tengo las instrucciones que recibí de ti.

—Eso es falso.

—Daniel, llevas meses pidiéndome que resolviera ciertos pagos fuera de los canales habituales. Dijiste que eran gastos comerciales confidenciales.

Daniel miró a Helen.

—¿Es cierto?

La directora financiera asintió lentamente.

—Las operaciones se aprobaron utilizando credenciales asociadas a tu despacho. Sin embargo, las instrucciones finales llegaron a través de la cuenta administrativa de Marcus.

Daniel sintió que su mundo comenzaba a desmoronarse.

Marcus se inclinó hacia delante.

—Tú estabas demasiado ocupado con tus viajes y con Sabrina para revisar las cuentas. Yo me encargué de todo.

—¿Y por qué utilizaste una sociedad a su nombre?

Marcus sonrió ligeramente.

—Porque era conveniente.

Daniel se levantó.

—Voy a llamar a nuestros abogados.

—Hazlo —respondió Marcus—. Pero antes deberías preguntarte por qué Claire solicitó una auditoría justo después de descubrir tu aventura.

Aquella frase lo detuvo.

—¿Qué estás insinuando?

Marcus cerró el ordenador.

—Que tu esposa no estaba investigando solamente una infidelidad. Estaba siguiendo el rastro de dinero que alguien llevaba meses sacando de la empresa.

Daniel comprendió entonces que había dos problemas distintos.

Y quizá el segundo era mucho más grave que el primero.

A la mañana siguiente, Claire recibió una llamada de Rebecca.

—Tenemos novedades.

—Te escucho.

—La auditoría preliminar confirma que Marcus utilizó varias operaciones para desviar fondos. Pero hay algo que debes saber: Daniel aparece en algunos correos electrónicos como supuesto beneficiario de las decisiones.

Claire cerró los ojos.

—¿Hay pruebas de que participara conscientemente?

—Todavía no. Algunas instrucciones podrían haberse enviado utilizando su identidad corporativa. Necesitamos revisar los registros de acceso y los mensajes originales.

Claire guardó silencio unos segundos.

Aunque Daniel la había traicionado, no quería acusar a alguien sin pruebas.

—Hazlo todo correctamente. No quiero que nadie pueda decir que estamos actuando por venganza personal.

—Lo entiendo.

—Y Rebecca…

—¿Sí?

—Quiero recuperar mi dinero, proteger la empresa y terminar mi matrimonio. En ese orden.

El lunes por la mañana, la sala de juntas de Whitmore Capital estaba llena.

Daniel llegó diez minutos antes de la reunión.

Llevaba un traje oscuro y una expresión agotada.

Cuando Claire entró, todos se levantaron para saludarla.

Ella vestía un traje color marfil, llevaba una carpeta negra bajo el brazo y caminaba con una seguridad que Daniel nunca había visto en ella.

No parecía la mujer que le preparaba el desayuno.

Parecía alguien acostumbrado a tomar decisiones importantes.

Claire ocupó el asiento principal.

—Buenos días. Podemos comenzar.

Daniel se levantó inmediatamente.

—Claire, necesito hablar contigo antes de que empiece esta reunión.

Ella lo miró con serenidad.

—Si está relacionado con la empresa, puedes hablar cuando llegue tu turno.

—Esto es personal.

—Entonces tendrás que hablar con mi abogada.

Algunos miembros del consejo intercambiaron miradas.

Daniel volvió a sentarse.

La reunión comenzó con un informe financiero que detallaba las transferencias sospechosas, las cuentas receptoras y las autorizaciones utilizadas.

Después, Rebecca presentó una propuesta para suspender temporalmente las operaciones financieras no esenciales mientras se realizaba una auditoría independiente.

Marcus intentó intervenir.

—Esto es una exageración. Estamos hablando de errores administrativos, no de un fraude demostrado.

Claire abrió su carpeta.

—Entonces no tendrás inconveniente en explicar estas operaciones.

Deslizó varias hojas sobre la mesa.

Eran copias de facturas, mensajes y autorizaciones.

Marcus perdió la sonrisa.

—No sé de dónde has sacado eso.

—De los registros de la compañía.

—Están fuera de contexto.

—Entonces ayúdanos a entenderlos.

Marcus miró a Daniel, esperando que lo defendiera.

Pero Daniel permaneció inmóvil.

Por primera vez, el hombre al que había considerado su mejor amigo estaba sentado frente a él como un desconocido.

La reunión estaba a punto de terminar cuando las puertas se abrieron.

Una mujer entró apresuradamente.

Era Sabrina Keller.

Daniel se levantó.

—¿Qué haces aquí?

Sabrina ignoró su pregunta y se dirigió directamente a Claire.

—Necesito entregar algo antes de que sea demasiado tarde.

Claire no mostró sorpresa.

—¿Qué tienes?

Sabrina sacó una memoria USB de su bolso.

—Copias de los correos y de los documentos que Marcus me pidió firmar. Me dijo que eran inversiones privadas y que Daniel estaba al tanto de todo.

Marcus se puso de pie bruscamente.

—¡No tienes autorización para presentar eso!

Sabrina retrocedió.

—Me prometiste que nunca tendría problemas.

Claire hizo una señal a Rebecca para que recibiera el dispositivo.

—¿Por qué has decidido hablar ahora?

Sabrina miró a Daniel.

—Porque ayer descubrí que Marcus había utilizado mi empresa para recibir dinero que nunca me perteneció. Y cuando le pedí explicaciones, me amenazó con dejarme sola frente a las autoridades.

Daniel sintió una mezcla de ira y desconcierto.

—¿Así que también me estabas utilizando?

Sabrina bajó la mirada.

—Yo creía que todo estaba autorizado.

Marcus intentó abandonar la sala, pero uno de los abogados le pidió que permaneciera allí mientras se documentaba lo ocurrido.

Rebecca conectó la memoria a un ordenador independiente.

Aparecieron decenas de archivos.

Entre ellos había un correo electrónico enviado tres meses antes.

Claire leyó el contenido y su expresión cambió por primera vez.

No era una simple autorización financiera.

Era un mensaje en el que Marcus hablaba de transferir el control de una parte de Mercer Consulting a una sociedad desconocida, aprovechando que Daniel no revisaba personalmente los documentos.

Pero lo peor estaba en el archivo adjunto.

Era un contrato que llevaba la firma digital de Daniel.

—¿Qué es esto? —preguntó Claire.

Daniel se acercó a la pantalla.

Su rostro quedó completamente pálido.

—Yo nunca firmé ese contrato.

Rebecca amplió la última página.

La firma parecía auténtica.

Sin embargo, debajo aparecía una cláusula que podía cambiarlo todo: si se confirmaba la validez del documento, una parte importante de la empresa podía pasar a manos de un tercero.

Claire miró a Daniel.

—¿Reconoces esta operación?

Él negó lentamente con la cabeza.

—No. Te juro que nunca la autoricé.

Entonces Sabrina pronunció unas palabras que hicieron que toda la sala quedara en silencio:

—Marcus me dijo que, cuando Daniel descubriera lo que estaba pasando, ya sería demasiado tarde. Porque el verdadero comprador de la empresa no eras tú, Daniel.

Claire se volvió hacia ella.

—¿Quién era?

Sabrina miró directamente a Marcus.

—Su nombre aparece en el último documento. Y es alguien que conoce perfectamente a tu familia.

Rebecca abrió el archivo.

Al ver el nombre del comprador, Claire dejó de respirar durante unos segundos.

Porque no era un desconocido.

Era una persona que había cenado en su casa, celebrado sus cumpleaños y fingido ser amiga de ambos durante años.

Y Claire comprendió que la traición que estaba a punto de salir a la luz no había comenzado con Sabrina.

Había comenzado mucho antes de que Daniel pusiera un pie en aquel hotel.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

Related Articles