Capítulo 4: La firma falsa que lo cambió todo – News

Capítulo 4: La firma falsa que lo cambió todo

Capítulo 4: La firma falsa que lo cambió todo

Capítulo 4: La firma falsa que lo cambió todo

Julien permaneció inmóvil con el teléfono pegado a la oreja.

—¿Puede repetirme lo que acaba de decir? —preguntó con voz tensa.

El hombre al otro lado de la línea se identificó como un empleado de una entidad financiera. Le explicó que alguien había presentado una solicitud de préstamo utilizando los datos personales de Julien y documentos relacionados con nuestra vivienda.

—La operación todavía no se ha completado —aclaró—, pero necesitamos que venga cuanto antes para verificar su identidad y presentar una declaración formal.

—Yo nunca he solicitado ese préstamo. Tampoco he autorizado a nadie a utilizar mi casa como garantía.

—Eso es precisamente lo que necesitamos investigar.

Cuando terminó la llamada, Julien miró a su madre.

—¿Hasta dónde pensabas llegar?

Monique estaba junto a la puerta, apretando su bolso contra el pecho.

—Estás malinterpretando las cosas. Sophie solo quería conseguir un préstamo para solucionar sus problemas. Después habría devuelto el dinero.

—¿Con mi casa como garantía? ¿Con mi firma falsificada?

—¡No exageres! ¡Somos familia!

Mi padre intervino con una tranquilidad que resultaba mucho más intimidante que cualquier grito.

—La familia no falsifica documentos para quitarle la vivienda a otra familia.

Monique lo miró furiosa.

—¡Esto no es asunto suyo!

—La cómoda que robaste pertenece a mi hija y a mi nieta. El cochecito también lo compré yo. Y el dinero que desapareció estaba destinado a Louise. Así que sí, es asunto mío.

Mientras hablaban, mi teléfono volvió a vibrar.

Era Sophie.

Esta vez no envió un mensaje. Llamó directamente.

Julien contestó y activó el altavoz.

—¿Qué está pasando? —preguntó Sophie—. Mamá dice que estás amenazándola y que quieres denunciarla.

—Quiero saber por qué has utilizado mis datos para solicitar un préstamo.

Hubo unos segundos de silencio.

—No sé de qué estás hablando.

—Tenemos los mensajes. También tenemos las grabaciones de mamá llevándose nuestras cosas.

Sophie soltó un suspiro.

—¡Solo intentábamos solucionar un problema familiar! Tú tienes una casa, un buen trabajo y una esposa que gana dinero. Yo tengo una hija y estoy pasando dificultades. ¿Qué tiene de malo que me ayudes?

—Ayudarte no significa entregarte mi vivienda ni robarle el dinero a mi hija.

Entonces Sophie cometió un error.

—¡Mamá me dijo que ya tenías pensado dejarme usar la casa! ¡Incluso me aseguró que habías aceptado firmar los papeles!

Julien miró inmediatamente a Monique.

—¿Qué le dijiste exactamente?

Mi suegra no respondió.

Sophie continuó hablando, cada vez más alterada.

—¡Me dijiste que todo estaba arreglado! ¡Que cuando Julien regresara del hospital no tendría otra opción porque ya estaría todo presentado!

La llamada terminó abruptamente.

Julien guardó silencio.

Ahora teníamos algo más que sospechas. Sophie acababa de confirmar que su madre le había hecho creer que nosotros habíamos aceptado entregar nuestra vivienda.

Mi padre sacó una carpeta de su maletín.

—Antes de que toméis cualquier decisión, quiero enseñaros algo.

Dentro había copias de las facturas de los muebles, fotografías del cochecito y los justificantes de las transferencias realizadas a la cuenta de Louise.

—He guardado todos estos documentos desde que compramos las cosas para la niña. Si alguien intenta venderlas o apropiarse del dinero, tenemos pruebas.

Julien lo abrazó.

Por primera vez desde que habíamos regresado del hospital, sentí que no estábamos completamente indefensos.

Pero todavía quedaba Monique.

Mi suegra intentó acercarse a Julien.

—Hijo, por favor. No permitas que esto destruya nuestra familia. Yo solo quería ayudar a Sophie.

Julien se apartó.

—Tienes cinco minutos para dejar las llaves sobre la mesa y salir de nuestra casa.

—¡No puedes echarme! ¡Soy tu madre!

—Y yo soy el padre de Louise. Mi responsabilidad es proteger a mi hija, incluso de las personas que llevan mi misma sangre.

Monique comenzó a llorar y a acusarme de haber puesto a su hijo en su contra.

No respondí.

Estaba demasiado cansada para discutir. Todavía me dolía el cuerpo por la operación y necesitaba descansar para recuperarme.

Mi padre me acompañó hasta el dormitorio mientras Julien esperaba a que llegara el cerrajero.

Sin embargo, antes de que pudiera acostarme, escuché un golpe fuerte en la puerta.

Era Sophie.

Entró sin saludar, con el rostro enrojecido y el teléfono en la mano.

—¡Quiero que me devolváis el dinero!

Julien la miró incrédulo.

—¿Qué dinero?

—¡Los 280 euros del cochecito! ¡Ya he gastado parte y ahora la compradora quiere devolverlo porque dice que no tiene los documentos originales!

Me quedé mirándola.

Ni siquiera había venido a disculparse. Había venido porque el robo ya no le estaba resultando rentable.

—Ese cochecito era un regalo para mi hija —dije—. Devuélvelo inmediatamente.

Sophie soltó una risa amarga.

—Pues entonces compradle otro. No es mi problema que no sepáis cuidar vuestras cosas.

Julien abrió la puerta y señaló el pasillo.

—Fuera. Los dos. Y no volváis a entrar sin autorización.

Pero Sophie todavía tenía una última carta.

Sacó un documento doblado de su bolso y lo dejó sobre la mesa.

—Antes de echarme, deberías leer esto. Mamá no es la única persona que ha firmado documentos relacionados con vuestra casa.

Julien tomó el papel.

Leyó la primera página.

Después la segunda.

Y finalmente levantó la mirada hacia su hermana.

—¿De dónde has sacado esto?

Sophie sonrió.

—Pregúntale a tu esposa quién le pidió que firmara aquella autorización hace unos meses.

Sentí que el corazón se me detenía.

Yo jamás había firmado nada relacionado con nuestra vivienda.

Julien me miró, confundido.

—¿Sabes de qué está hablando?

Negué con la cabeza.

Entonces reconocí el membrete de la entidad financiera que aparecía en la parte superior del documento.

Era una autorización vinculada a una operación que habíamos rechazado meses atrás.

Pero alguien había añadido una página nueva con mis datos y una firma que se parecía muchísimo a la mía.

Mi padre tomó el documento y lo examinó detenidamente.

Su expresión cambió.

—Esto es más grave de lo que pensábamos. No solo han utilizado los datos de Julien. También han intentado utilizar los tuyos.

En ese instante, el teléfono de Julien volvió a sonar.

Era el empleado de la entidad financiera.

—Señor Julien, acabamos de encontrar otro documento en el expediente. Hay una segunda persona que figura como beneficiaria de la operación.

Julien apretó el teléfono.

—¿Quién?

La respuesta nos dejó sin palabras.

—Su hermana, Sophie.

Y entonces comprendimos que Monique no había organizado todo aquello únicamente para ayudar a su hija.

Había un plan mucho más grande detrás.

Pero lo que todavía no sabíamos era que el préstamo solicitado ascendía a 180.000 euros y que la persona que había preparado todos los documentos estaba a punto de quedar al descubierto…

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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