Capítulo 5: Lo juro (Final) – News

Capítulo 5: Lo juro (Final)

Capítulo 5: Lo juro (Final)

Capítulo 5: Lo juro (Final)

—¿Amaba a Eleanor? —repitió el juez.

—Sí —dije.

—¿Por qué? —preguntó.

—Porque fue la primera persona que me trató como a un ser humano íntegro —dije.

—¿Y el dinero? —dijo el abogado del hijo.

—¿Qué dinero? —dije—. Me dejó ni un céntimo. Como me prometió.

—¿Y si le hubiera dejado? —dijo.

—Lo habría rechazado —dije.

—¿Lo jura? —dijo.

—Lo juro —dije.

Leyeron el diario. En voz alta.

“El chico me leyó. Tres horas. Sin mirar el reloj.”

“Me propuso matrimonio. Con un anillo de gominola. Le dije que sí. Sé lo que hago.”

“Mis hijos vinieron hoy. Con documentos. Como siempre.”

El doctor testificó.

—¿Estaba lúcida? —preguntó el juez.

—Completamente —dijo—. Hasta el final.

—¿Y la decisión? —dijo—. ¿Fue suya?

—Suya —dijo—. Me lo dijo ella misma.

—¿El hijo? —dijo el juez—. ¿Tiene algo que decir?

—Mi madre no sabía… —empezó.

—¿No sabía qué? —dijo el juez—. ¿Lo que su diario dice que sabía?

—No es… —no terminó.

—Demanda desestimada —dijo el juez—. Y la impugnación del matrimonio… sin fundamento.

—¿Nada? —dijo el hijo—. ¿Se queda sin nada?

—Se queda con lo que su madre le dejó —dijo el juez—. Sus libros. Su carta. Su anillo.

—¿Su anillo? —dijo el hijo—. ¿Qué anillo?

—Uno de gominola —dije—. Once dólares.

—¿Once dólares? —dijo—. ¿Por eso…?

—Por eso —dije.

—¿Eres feliz? —me preguntó, al salir.

—¿Feliz? —dije—. ¿Tú la quisiste?

—No contestó.

—Yo sí —dije—. Por eso soy feliz. Y por eso estoy triste. Las dos cosas.

Su hija me esperaba fuera.

—¿Me perdonas? —dijo.

—¿Por qué? —pregunté.

—Por no visitarla —dijo.

—No soy yo quien debe perdonarte —dije.

—¿Quién? —dijo.

—Ella —dije—. Y creo que ya lo hizo. En la carta. ¿La leíste?

—Sí —dijo—. “Te quiero.” ¿A mí también?

—A ti también —dije.

Terminé mis estudios. Enfermero. Trabajo con ancianos.

—¿Por qué lee tanto? —me preguntan.

—Porque alguien me enseñó —digo.

—¿Quién? —dicen.

—Alguien que me quiso —digo.

El pueblo dejó de susurrar. Poco a poco.

—¿Ves? —me dijo mi supervisora—. Te lo dije. Cuídate.

—Me cuido —dije.

El anillo está en su cajita de cristal. En mi mesita.

Once dólares. Lo más valioso que tengo.

Ayer fui a verla. Le llevé un libro.

—¿Te acuerdas del capítulo 12? —le dije—. Discrepo. Como siempre.

El viento movió las hojas. O eso quise creer.

Me dijo que no me dejaría ni un céntimo. Y cumplió.

Pero me dejó algo más.

Me dejó saber que yo valía. Que era un ser humano íntegro.

Eso no cabe en un testamento.

Eso no se impugna.

FIN

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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