Capítulo 2: La camioneta junto a la barrera – News

Capítulo 2: La camioneta junto a la barrera

Capítulo 2: La camioneta junto a la barrera

Capítulo 2: La camioneta junto a la barrera

La llamada de la patrulla llegó a las 12:17 de la madrugada.

—Agente Natalie, encontramos un vehículo.

Natalie seguía en la casa de Ashley, revisando cada habitación con otro agente.

—¿Qué tipo de vehículo?

—Camioneta azul. Coincide con la descripción del vehículo registrado a nombre de Andrew.

Natalie miró hacia la puerta.

—¿Estado?

Hubo un silencio breve al otro lado.

—Está destrozada.

El estómago de Natalie se encogió.

—¿Hay alguien dentro?

—Negativo.

—¿Sangre?

—Hay algunas manchas en el asiento del conductor. También encontramos el teléfono del propietario.

Natalie cerró los ojos durante un segundo.

Ahora sí parecía un accidente.

Pero algo no encajaba.

Si Andrew había tenido un accidente, ¿por qué había desaparecido?

Y, sobre todo, ¿por qué había dejado a una niña enferma sola durante cuatro días?

Natalie salió al porche.

La lluvia había disminuido.

Los vecinos seguían allí.

La misma mujer que había acusado a Andrew de abandonar a su hija se acercó.

—¿Lo encontraron?

Natalie asintió.

—Encontraron su camioneta.

La mujer palideció.

—¿Está muerto?

—Todavía no lo sabemos.

El rumor recorrió la calle como una corriente eléctrica.

Una persona empezó a grabar.

Otra llamó a un familiar.

En menos de diez minutos, todos hablaban del accidente.

Pero Natalie no quería sacar conclusiones.

Volvió a entrar.

Se acercó a la mesa.

La lista seguía allí.

Arroz.

Pollo.

Electrolitos.

Medicamento.

La tomó con guantes.

Entonces vio algo que antes no había notado.

En la parte inferior de la hoja había una frase escrita con lápiz.

“Si no vuelvo, llama a la persona de la caja azul.”

Natalie frunció el ceño.

—¿Qué caja azul?

Registraron la casa.

Armarios.

Habitaciones.

Debajo de las camas.

Cajones.

Nada.

Hasta que encontraron una pequeña caja metálica detrás del mueble de la televisión.

Era azul.

Tenía una cerradura.

El otro agente la miró.

—¿La abrimos?

Natalie asintió.

Dentro había documentos.

Fotografías.

Un teléfono antiguo.

Y varios sobres.

El primero tenía escrito:

“Para Ashley.”

Natalie sintió un nudo en la garganta.

No lo abrió.

Todavía no.

Primero llamó al hospital.

—¿Cómo está la niña?

La enfermera respondió:

—Sigue inconsciente, pero estable. Está recibiendo líquidos y tratamiento.

Natalie respiró aliviada.

—¿Han encontrado alguna condición médica previa?

—Estamos haciendo pruebas.

Hubo una pausa.

—Pero hay algo extraño.

—¿Qué?

—Los análisis muestran que la niña lleva varios días con una alimentación extremadamente insuficiente. Sin embargo, no parece haber estado sin comida durante semanas. Es como si la situación hubiera empeorado de repente.

Natalie miró la caja azul.

—¿Podría haber sido intoxicación?

—Todavía no podemos afirmarlo.

Natalie colgó.

Entonces abrió el primer sobre.

Dentro había una fotografía de Ashley sonriendo.

Tenía seis años.

Estaba sentada junto a Andrew en un parque.

En el reverso había una fecha.

Y una frase:

“El día que prometí que nunca permitiría que nadie le hiciera daño.”

Natalie abrió el segundo sobre.

Esta vez encontró documentos médicos.

Ashley tenía antecedentes de una enfermedad digestiva que requería medicación regular y controles.

La última cita había sido cancelada.

Pero no por Andrew.

El documento mostraba claramente quién la había cancelado.

Diane Miller.

Natalie levantó la mirada.

—¿Quién es Diane Miller?

El otro agente buscó en la base de datos.

—Es la madre de Andrew.

Natalie se quedó inmóvil.

—¿La abuela de Ashley?

—Sí.

Continuó leyendo.

Había varias llamadas entre Diane y el hospital.

Después de la última consulta médica, Diane había solicitado que la cita fuera trasladada.

La razón escrita era:

“El padre no puede hacerse cargo de la menor.”

Pero había una contradicción.

Andrew había firmado personalmente la solicitud para mantener la cita.

Alguien había enviado después una segunda solicitud.

Con una firma que no coincidía.

Natalie sintió que una pieza acababa de encajar.

—Necesitamos hablar con Diane.

El otro agente tomó el teléfono.

—Ya la localizo.

Pero antes de que pudiera marcar, el teléfono antiguo de la caja azul comenzó a vibrar.

Los dos agentes se quedaron quietos.

Natalie miró la pantalla.

No había nombre.

Solo un número desconocido.

Contestó.

—¿Hola?

Nadie respondió.

—¿Quién habla?

Finalmente, una voz masculina susurró:

—¿Ashley está viva?

Natalie apretó el teléfono.

—¿Quién es usted?

—No importa.

—Sí importa.

Silencio.

Entonces el hombre dijo:

—Andrew no abandonó a su hija.

Natalie sintió un escalofrío.

—¿Dónde está Andrew?

La llamada se cortó.

Intentó devolverla.

Número inexistente.

El otro agente la miró.

—¿Qué dijo?

Natalie tardó un segundo en responder.

—Que Andrew no abandonó a Ashley.

En ese momento llegó un mensaje al teléfono.

Una fotografía.

Era Andrew.

Estaba sentado dentro de una habitación desconocida.

Tenía un corte en la frente.

Parecía exhausto.

Pero estaba vivo.

Debajo de la imagen aparecía una frase:

“Él quiso contar la verdad. Por eso se lo llevaron.”

Natalie sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.

La camioneta destrozada.

La sangre.

Los cuatro días.

La niña enferma.

La caja azul.

Ya no parecía un caso de abandono.

Parecía un encubrimiento.

Entonces llegó otro mensaje.

Esta vez no era una fotografía.

Era una dirección.

Natalie la leyó.

Era un almacén abandonado situado a pocos kilómetros del lugar donde habían encontrado la camioneta.

Y debajo había una última frase:

“Vaya sola si quiere encontrar al padre de Ashley.”

Natalie guardó el teléfono.

—¿Qué hacemos? —preguntó su compañero.

Ella miró hacia la habitación donde Ashley luchaba por mantenerse con vida.

Luego volvió a mirar la dirección.

—No vamos a ir solos.

Tomó la caja azul.

—Y antes de ir allí, quiero saber exactamente quién intentó borrar la vida de esta niña.

Porque ahora había una pregunta mucho más aterradora que dónde estaba Andrew.

¿Quién había necesitado que todos creyéramos que él era un monstruo?

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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