Capítulo 2: El armario que escondía una traición aún peor – News

Capítulo 2: El armario que escondía una traición aún peor

Capítulo 2: El armario que escondía una traición aún peor

Capítulo 2: El armario que escondía una traición aún peor

—¡Julien, mira esto! —dije con la voz temblorosa, señalando el interior del armario.

Mi marido dejó de discutir con su madre y se acercó inmediatamente. Cuando abrió las puertas, se quedó completamente inmóvil.

La mitad de la ropa de Louise había desaparecido. Los pequeños vestidos que habíamos comprado con tanta ilusión, las mantas tejidas por mi madre, los paquetes de pañales y hasta algunos juguetes que todavía estaban sin estrenar ya no estaban allí.

En su lugar había varias cajas de cartón vacías.

—¿Qué significa esto, mamá? —preguntó Julien, intentando controlar la rabia.

Monique suspiró como si fuéramos nosotros quienes estábamos exagerando.

—¡Ay, por favor! Sophie necesitaba algunas cosas para su niña. Louise todavía es demasiado pequeña para aprovecharlas. Además, vosotros podéis comprar más cuando tengáis dinero.

No podía creer lo que estaba escuchando.

—¿Te llevaste las cosas de nuestra hija para dárselas a Sophie sin preguntarnos?

Mi suegra levantó la barbilla.

—Sophie es mi hija. Está criando sola a una niña y tiene muchos problemas. ¿Qué clase de persona sería si no la ayudara?

—¿Y qué clase de abuela roba a su propia nieta recién nacida? —respondió Julien.

Monique puso los ojos en blanco.

—No seas dramático. Solo he repartido algunas cosas. Tu hermana tiene más necesidades que vosotros.

Entonces intervine.

—El cochecito costaba 900 euros. Mis padres lo compraron especialmente para Louise. ¿Por qué lo vendiste por 280 euros sin consultarnos?

—Porque necesitaba dinero inmediatamente —contestó sin mostrar vergüenza—. Y, sinceramente, 280 euros son mejor que tenerlo acumulando polvo.

Sentí un nudo en la garganta. Aquel cochecito no era simplemente un objeto caro. Era el regalo con el que mis padres habían querido recibir a su primera nieta.

Julien sacó su teléfono.

—Quiero que me digas dónde está todo. Ahora mismo.

Monique soltó una carcajada.

—¿Vas a denunciar a tu propia madre por unos muebles? ¡Qué vergüenza!

Pero Julien ya no estaba dispuesto a escucharla.

—No estamos hablando de muebles, mamá. Has entrado en nuestra casa, has vendido nuestras pertenencias y has regalado las cosas de nuestra hija sin permiso.

En ese momento, mi teléfono vibró.

Era un mensaje de mi padre.

«¿Cómo está Louise? Por cierto, ¿habéis recibido ya el cochecito? Si falta algo, avísame. Tenemos los recibos y las fotografías de todo lo que compramos».

Miré a Julien y después a Monique.

Se me ocurrió una idea.

—Julien, ¿recuerdas que tenemos una cámara de seguridad instalada en el salón?

Su expresión cambió inmediatamente.

Monique dejó de sonreír.

—¿Qué cámara? —preguntó demasiado rápido.

—La que instalamos antes de que naciera Louise. Funciona incluso cuando no estamos en casa.

Por primera vez desde que habíamos entrado, mi suegra parecía incómoda.

—Eso… eso no tiene importancia. Yo soy tu madre, Julien. No tienes derecho a vigilarme.

Julien abrió la aplicación de seguridad y comenzó a revisar las grabaciones.

Primero apareció Monique entrando con nuestras llaves. Después se la veía abriendo los cajones, sacando objetos y haciendo fotografías para publicarlos en Internet.

Pero entonces apareció algo mucho peor.

En una de las grabaciones, Monique hablaba por teléfono mientras dos hombres sacaban la cómoda de roble de la habitación de Louise.

—Sí, llévatela también. Mi hija necesita dinero para pagar el alquiler. Y todavía quedan muchas cosas que podemos vender.

Me llevé una mano a la boca.

Aquella cómoda no era un mueble cualquiera. Mi padre había pasado tres fines de semana restaurándola, lijando cuidadosamente cada esquina y preparando un acabado especial para su nieta.

Pero la grabación no terminó ahí.

Monique abrió el cajón inferior y sacó un sobre blanco que habíamos guardado cuidadosamente.

Julien acercó la pantalla.

Dentro del sobre estaban los documentos de nacimiento de Louise, algunos certificados y una pequeña libreta bancaria que mis padres habían abierto para nuestra hija.

Monique miró los documentos, tomó fotografías con su teléfono y volvió a guardar parte de ellos en su bolso.

—¿Qué demonios estaba buscando? —murmuró Julien.

Yo sentí que la sangre se me helaba.

Entonces llegó otro mensaje.

Esta vez era de Sophie, la hermana de Julien.

«Mamá me ha dicho que ya está todo arreglado. Gracias por las cosas de la bebé. Por cierto, ¿cuándo vais a devolver las llaves del apartamento? Tenemos pensado instalarnos allí pronto».

Leí el mensaje dos veces.

¿Instalarse en nuestro apartamento?

Le entregué el teléfono a Julien. Su rostro perdió todo el color.

Monique intentó arrebatarle el móvil.

—¡No leas mensajes privados! ¡Sophie está pasando por un momento difícil!

Julien apartó la mano de su madre.

—¿Desde cuándo estáis planeando quedaros con nuestro apartamento?

Mi suegra guardó silencio durante unos segundos. Después respondió con una frialdad que jamás olvidaré:

—Desde que Sophie necesita un lugar donde vivir. Vosotros tenéis dos ingresos y podéis buscar otra casa. Ella no tiene tanta suerte.

Julien respiró profundamente.

—Mamá, escúchame bien. Esta es mi casa, la de mi esposa y la de mi hija. No tienes ningún derecho a decidir quién vive aquí.

Monique lo miró con desprecio.

—Si expulsas a tu hermana, no vuelvas a llamarme madre.

Pero Julien ya estaba marcando un número.

Y cuando escuché las primeras palabras que pronunció, comprendí que aquella noche nuestra familia estaba a punto de cambiar para siempre.

—Necesito que vengas con un cerrajero y que prepares una denuncia. Mi madre y mi hermana han estado organizando algo mucho más grave de lo que imaginábamos…

Y todavía no sabíamos que el dinero de la cuenta de Louise también había desaparecido.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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