Capítulo 2: El número
Capítulo 2: El número
Marqué el 9. Luego el 1. Luego el 1.
—¿Emergencias? —dije—. Mi esposa se desmayó. Dio a luz hace dos días.
—¡Cuelga! —gritó mi madre—. ¡Es una dramática!
—¿Mamá? —dije—. Cállate.
—¿Cómo me hablas así? —dijo.
—Como se habla a alguien que ve a una mujer desmayada y sigue comiendo —dije.
Los paramédicos llegaron en minutos. Miraron a Clara. Miraron el papel amarillo.
—¿Cuánto lleva así? —preguntó uno.
—No lo sé —dije—. Llegué y estaba…
—¿Dos días posparto? —dijo, leyendo—. ¿Y cocinando?
—No fui yo —dije—. Fue mi madre.
—¿Su madre? —dijo, mirándola.
—¡Está cansada, nada más! —dijo ella—. ¡Esto es una exageración!
—Señora —dijo el paramédico—. Apártese.
Se la llevaron. Al bebé también. Yo los seguí en mi coche.
En el hospital, suero. Análisis. El médico me miró.
—¿Deshidratación severa? —dije.
—Y agotamiento extremo —dijo—. ¿Dos días posparto y cocinando una cena completa?
—Mi madre la obligó —dije.
—¿La obligó? —dijo.
—Eso creo —dije.
—¿Y el bebé? —preguntó.
—Hambre —dije—. Solo hambre. ¿Puedo…? ¿Puedo darle el biberón?
—Claro —dijo la enfermera, enseñándome.
Le di el biberón. Por primera vez. Sus manitas. Sus ojos.
—¿Nunca lo hiciste? —preguntó la enfermera.
—Mi madre dijo que… —dudé—. No sé qué dijo. Ya no me acuerdo.
—Pues ahora lo haces tú —dijo.
—Ahora lo hago yo —repetí.
Mi madre vino. Indignada.
—¿Cómo te atreves? —dijo—. ¿Llamar a emergencias? ¡Me avergonzaste!
—¿Te avergoncé? —dije—. ¿Tú viste a Clara desmayada y comiste pollo?
—¡Estaba cansada! —dijo—. ¡Nada más!
—¿Nada más? —dije—. ¿El papel amarillo? ¿”Llamar de inmediato si hay desmayos”? ¿Lo leíste?
—No necesito… —dijo.
—¿No necesitas qué? —dije—. ¿Leer? ¿Ayudar? ¿Ser humana?
—¿Cómo me hablas? —dijo—. ¡Soy tu madre!
—Y yo soy su esposo —dije—. Y él es mi hijo. ¿Y sabes qué? Te vas.
—¿Qué? —dijo.
—Que te vayas —dije—. De mi casa. Hoy.
—¿Me echas? —dijo—. ¿De casa de mi hijo?
—De MI casa —dije—. Y sí.
—¿Por ella? —dijo.
—Por ellos —dije—. Por mi esposa y mi hijo. ¿Entiendes?
—No vuelves —dije—. Hasta que entiendas lo que hiciste. Y no sé cuándo será eso.
—¿Me estás…? —dijo.
—Te estoy echando —dije.
Se fue. Sin más.
Clara despertó. Me miró.
—¿El bebé? —susurró.
—Está bien —dije—. Comió. Durmió. Como un campeón.
—¿Tu madre? —dijo.
—Se fue —dije.
—¿Adónde? —preguntó.
—A su casa —dije—. Y no vuelve. Hasta que yo diga.
—¿Y…? —dudó—. ¿Me obligó? ¿Te lo dije?
—¿Te obligó? —pregunté.
—Me dijo que si no cocinaba —susurró—, le diría a todos que no sirvo como madre.