Capítulo 4: La llave
Capítulo 4: La llave
—¿O qué? —repitió.
—¿O llamo a la policía? —dije.
—¿A tu madre? —dijo.
—A una intrusa —dije—. ¿Qué prefieres?
Me dio la llave.
—¿Contento? —dijo.
—¿Tienes copias? —pregunté.
—No —dijo.
—¿Seguro? —dije.
—Sí —dijo.
—¿Qué hacías aquí? —pregunté.
—Vine a ver a mi nieto —dijo.
—¿Sin permiso? —dije.
—Soy su abuela —dijo.
—Eres una visita —dije—. Y las visitas piden permiso.
—¿Desde cuándo? —dijo.
—Desde que viste a mi esposa desmayada y seguiste comiendo —dije.
—No fue así —dijo.
—Fue así —dije—. Yo estaba allí.
Cambié la cerradura al día siguiente.
—¿En serio? —dijo el cerrajero.
—En serio —dije.
Clara volvió a casa. Con el bebé. La casa, limpia. En calma.
—¿Tu madre? —preguntó.
—No está —dije—. Cambié la cerradura.
—¿Y…? —dudó.
—Y no vuelve —dije—. Hasta que yo diga.
—¿Hice bien? —preguntó—. ¿En…?
—¿En qué? —dije.
—En no ser suficiente —susurró.
—¿Clara? —dije—. El pediatra dijo que el bebé gana peso. ¿Sabes qué significa?
—¿Qué? —dijo.
—Que lo estás haciendo bien —dije.
—¿De verdad? —dijo.
—De verdad —dije.
Su madre nos ayudaba. Cocina. Calma.
—¿Mi nieto? —decía—. Hola, mi amor.
—¿Señora? —le dije un día—. ¿Por qué es… distinta?
—¿Distinta de quién? —dijo.
—De mi madre —dije.
—Porque aprendí —dijo—. A ser abuela. No a mandar.
—¿Y mi madre? —dije.
—Tu madre no aprendió —dijo.
Una noche, Clara lloraba. Dando el pecho.
—¿Y si tiene razón? —dijo.
—¿Quién? —pregunté.
—Tu madre —dijo—. ¿Y si no soy suficiente?
—¿Mi madre? —dije—. ¿La que te dejó desmayada? ¿Esa es tu referencia?
—No… —dijo.
—Entonces no —dije.
—¿Y si…? —dijo.
—No hay “y si” —dije—. Míralo. ¿Lo ves? Come. Duerme. Crece. ¿Quién lo hace? Tú.
—Yo —dijo.
—Tú —repetí.
Mi madre escribió: “¿Cuándo puedo ver a mi nieto? ¿O me lo vas a quitar como me quitaste a ti?”
—¿Quitarte? —le respondí—. ¿Cuándo te quité?
—No me contestó.
Vino. Con mi tía. A la puerta.
—¿Me vas a dejar fuera? —dijo—. ¿Delante de tu tía?