capítulo 3 — la niña de la fotografía – News

capítulo 3 — la niña de la fotografía

capítulo 3 — la niña de la fotografía

capítulo 3 — la niña de la fotografía

Nancy cruzó el jardín corriendo.

Yo apenas tuve tiempo de abrir la puerta antes de que entrara.

—¡Cierra! —susurró.

Cerré con llave.

Nancy se apoyó contra la pared, respirando con dificultad.

—¿Tu marido sabe que estás aquí?

Ella negó con la cabeza.

—Todavía no.

Miré por la ventana.

El hombre estaba en su porche.

No corría.

No gritaba.

Simplemente miraba hacia nuestra casa.

—¿Qué está pasando? —pregunté.

Nancy se llevó las manos al rostro.

—La niña de la fotografía se llamaba Emily. Era mi hija.

Sentí un nudo en el estómago.

—¿Qué quieres decir con que desapareció?

—Hace seis años desapareció de un parque.

Nancy comenzó a llorar.

—Tenía nueve años. Me giré durante menos de un minuto para pagar un helado. Cuando volví a mirar, ya no estaba.

Mis hijos habían bajado las escaleras.

Los hice entrar en la sala y les pedí que se quedaran juntos.

—¿Y la policía?

—La buscamos durante años.

—¿Y nunca la encontraron?

Nancy negó con la cabeza.

—No.

Entonces miró hacia la ventana.

—Pero hace tres meses recibí una fotografía.

Sacó su teléfono.

Me mostró una imagen.

Era una niña un poco mayor.

Pero era Emily.

—¿Dónde estaba?

—No lo sé.

—¿Quién te la envió?

Nancy tragó saliva.

—Mi marido.

Me quedé helada.

—¿Qué?

—Me dijo que era una prueba de que Emily estaba viva.

—¿Y por qué no acudiste a la policía?

Nancy bajó la mirada.

—Porque me amenazó.

Sentí un escalofrío.

—¿Con qué?

—Con hacerle daño a Emily.

Durante unos segundos no pude hablar.

—¿Tu marido sabe dónde está tu hija?

—Sí.

—¿Dónde?

Nancy negó con la cabeza.

—No lo sé.

—Entonces, ¿qué quiere de ti?

Nancy miró hacia la tarta que seguía sobre la encimera.

—Que deje de hacer preguntas.

Me acerqué.

—¿La nota?

Ella asintió.

—La escribí esta mañana.

—¿Los números?

—Son una dirección.

Tomé el papel.

—14 – 7 – 22 – 9.

Nancy señaló los números.

—No son números de una casa. Son coordenadas dentro de un antiguo mapa de la ciudad.

—¿Y qué hay allí?

Su rostro cambió.

—Un almacén abandonado.

Sentí un escalofrío.

—¿Crees que Emily está allí?

—No lo sé.

—Entonces tenemos que llamar a la policía.

Nancy se quedó completamente inmóvil.

—No.

—Nancy…

—Si llamamos ahora, él sabrá que te conté todo.

—Ya está mirando nuestra casa.

Ella se acercó a mí.

—Por favor. Necesito una prueba.

—¿Qué prueba?

—Una prueba que demuestre que él está involucrado.

Antes de que pudiera responder, escuchamos un golpe en la puerta.

Todos nos quedamos en silencio.

TOC.

TOC.

TOC.

Era él.

—¡Nancy! —gritó desde el porche.

Ella comenzó a temblar.

—No abras.

No pensaba hacerlo.

Pero entonces escuchamos:

—Sé que estás ahí.

Mis hijos se acercaron a mí.

Les hice una señal para que permanecieran detrás de mí.

El hombre volvió a llamar.

—Solo quiero hablar con mi esposa.

Nancy negó con la cabeza.

—No le creas.

Entonces él dijo algo que hizo que Nancy palideciera.

—Sé que encontraste la fotografía de Emily.

Ella se llevó una mano a la boca.

—¿Cómo lo sabe? —susurré.

Nancy no respondió.

El hombre continuó:

—Y sé que le contaste a la vecina.

Silencio.

—Si quieres volver a ver a tu hija, sal ahora mismo.

Nancy comenzó a llorar.

Yo saqué mi teléfono discretamente.

Llamé a emergencias.

Pero antes de poder decir dónde estábamos, mi teléfono perdió la señal.

Miré la pantalla.

Sin servicio.

Entonces escuchamos el sonido de un automóvil alejándose.

Nancy se acercó a la ventana.

—Se fue.

—No.

—¿Qué?

Señalé la calle.

—No se fue.

Su coche seguía estacionado frente a nuestra casa.

El hombre había salido por la parte trasera de su vivienda.

Y ahora estaba caminando hacia la valla.

Nancy retrocedió.

—Tenemos que irnos.

—¿Por dónde?

—Por el sótano.

—No tengo sótano.

Ella señaló una pequeña puerta que daba al garaje.

—Sí tienes.

La abrí.

Detrás había una escalera que nunca había visto.

Bajamos.

Al final había una puerta metálica.

Nancy sacó una llave de su bolsillo.

—¿De dónde tienes esto?

—Él me la dio cuando nos mudamos.

La puerta se abrió.

Al otro lado había un estrecho pasillo que conducía directamente hacia la casa vecina.

Sentí que se me helaba la sangre.

—¿Existe un pasadizo entre nuestras casas?

Nancy asintió.

—Y él no sabe que descubrí que todavía funciona.

Avanzamos en silencio.

Entonces escuchamos pasos detrás de nosotros.

Nancy me agarró del brazo.

—Corre.

Corrimos.

Al final del pasillo había otra puerta.

Nancy introdujo la llave.

Pero antes de girarla, vimos algo escrito sobre la pared.

Una fecha.

18 DE MAYO.

Debajo había una pequeña fotografía pegada con cinta.

Era Emily.

Y estaba sosteniendo un periódico de ese mismo día.

Nancy comenzó a llorar.

—Está viva.

Pero había algo aún más inquietante.

En la esquina de la fotografía aparecía una dirección.

La misma dirección del almacén.

Y debajo, escrito a mano:

“Ven sola.”

Nancy me miró.

Yo miré a mis hijos.

Entonces comprendí que la respuesta que llevábamos seis años buscando podía estar a menos de veinte minutos de nuestra casa.

Pero si aquella fotografía era auténtica…

Emily no solo estaba viva.

Alguien sabía exactamente dónde encontrarla.

Y quería que fuéramos allí.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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