capítulo 4 — la verdad en las gradas
capítulo 4 — la verdad en las gradas
Me quedé inmóvil con el sobre entre las manos.
—¿Mamá? —preguntó Kelly desde el asiento del coche—. ¿Qué pasa?
Escondí la fotografía antes de que pudiera verla.
—Nada, cariño. Vamos a casa.
Pero no era verdad.
Durante todo el camino no dejé de pensar en aquella frase.
“Ella sabía quién era Kelly antes de que Kelly llegara al estadio.”
Cuando Kelly se quedó dormida esa noche con el balón abrazado al pecho, saqué de nuevo la fotografía y la observé con atención.
La mujer aparecía varias filas detrás de Austin en una imagen tomada meses antes de su accidente. No estaba mirando el partido. Estaba mirando a Austin.
Y sonreía.
A la mañana siguiente llamé a Marcus.
—Necesito hacerte una pregunta.
Su voz sonó preocupada.
—¿Ocurrió algo?
Le conté lo del sobre y le envié una foto de la imagen.
Pasaron unos minutos.
Cuando volvió a llamarme, habló muy despacio.
—Conozco a esa mujer.
Sentí un escalofrío.
—¿Quién es?
—La vi varias veces en el estadio la temporada pasada. Siempre estaba cerca de la zona donde se reunían las familias de los jugadores.
—¿Trabajaba aquí?
—No. Pensé que era la madre de algún chico de una liga juvenil.
Miré otra vez la fotografía.
—Ayer dijo que su hijo jugaba al fútbol desde hacía tres años.
Marcus guardó silencio unos segundos.
—Hay algo más.
—¿Qué?
—Después del partido pregunté por ella al personal del estadio.
Me incorporé inmediatamente.
—¿Y?
—Compró esas entradas esa misma mañana… pero pidió específicamente sentarse en la sección donde estaban ustedes.
El corazón empezó a latirme con fuerza.
—Eso no puede ser una coincidencia.
—Eso pensé yo.
Kelly apareció en la cocina frotándose los ojos.
—¿Con quién hablas?
Colgué el teléfono.
—Con un amigo de papá.
Ella sonrió.
—¿El jugador?
Asentí.
Kelly se sentó frente a mí y comenzó a girar el balón entre sus manos.
Entonces se detuvo.
—Mamá.
—¿Sí?
—Aquí hay algo escrito.
Tomé el balón.
Hasta ese momento no había notado una firma escrita con marcador azul.
Debajo del autógrafo había una frase muy pequeña.
“Para Kelly. Tu papá siempre hablaba de ti. Sigue sonriendo.”
Las lágrimas me llenaron los ojos.
Austin había hablado de ella.
No solo conmigo.
Con otras personas también.
En ese instante sonó el timbre de la puerta.
Abrí.
Era el adolescente que estaba junto a la mujer en el estadio.
Llevaba una mochila y parecía muy nervioso.
—¿Usted es la mamá de Kelly?
Asentí.
—Mi nombre es Ethan.
Miró a Kelly y luego bajó la cabeza.
—Quería pedirles perdón por lo que hizo mi mamá.
Kelly respondió con una pequeña sonrisa.
—No fue tu culpa.
Ethan respiró hondo.
—Hay algo que necesitan saber.
Sentí que el estómago se me encogía.
—Pasa.
Se sentó en el sofá y comenzó a jugar con el cierre de su mochila.
—Mi mamá me llevó al estadio porque quería encontrar a una niña con un cartel sobre su papá.
Me quedé helada.
—¿Qué dijiste?
—La escuché hablar por teléfono antes del partido. Dijo: “Cuando aparezca la niña del cartel, yo me encargo.”
Kelly me miró confundida.
—¿Me buscaba a mí?
Ethan asintió lentamente.
—Sí.
La habitación quedó en silencio.
—¿Sabes por qué? —pregunté.
Metió la mano en la mochila y sacó un programa del partido.
En la portada había una lista de actividades especiales.
Una línea estaba subrayada con bolígrafo.
Homenaje a familias de aficionados fallecidos.
Ethan levantó la vista.
—Mi mamá quería que las cámaras grabaran a mi hermano con el balón para hacerse famosa en redes sociales. Dijo que, si conseguía quitárselo a la niña del homenaje, todos hablarían de nosotros.
Sentí una mezcla de rabia y tristeza.
Kelly abrazó el balón más fuerte.
Ethan se levantó.
—No quería participar. Por eso intenté decirle que lo devolviera.
Antes de irse dejó un pequeño papel sobre la mesa.
—Encontré esto en el bolso de mi mamá.
Lo abrí.
Era una captura impresa de una publicación antigua.
Una foto de Austin con Kelly cuando ella tenía seis años, usando la misma camiseta del equipo.
Alguien había rodeado con un círculo rojo el rostro de Kelly.
Y debajo había una nota escrita a mano:
“La niña del homenaje.”
Miré a Kelly, que seguía sosteniendo el balón con cuidado.
Entonces entendí que aquella mujer no había actuado por impulso.
Había ido al estadio sabiendo exactamente quién era mi hija.
Y alguien le había dado esa información antes del partido.