Capítulo 3 — Lo que había dentro del pastel – News

Capítulo 3 — Lo que había dentro del pastel

Capítulo 3 — Lo que había dentro del pastel

Capítulo 3 — Lo que había dentro del pastel

No respondí a la pregunta de Mason.

No porque no quisiera.

Sino porque, por primera vez en muchos años, no sabía si podía confiar en mi propio hijo.

Guardé la fotografía en mi bolso y miré a Vanessa.

—¿Dónde está Daniel?

Ella señaló la casa.

—En la sala.

—Quiero hablar con él.

Vanessa intentó detenerme.

—Espera.

—No.

Mi voz salió más firme de lo que esperaba.

—Llevas diez minutos intentando recuperar un pastel que hace diez minutos llamaste barato. Ahora hay una memoria USB escondida dentro y una fotografía de mi hijo hablando contigo a escondidas. Creo que ya esperé suficiente.

Vanessa bajó la mirada.

—Tu hijo no sabe nada.

—Entonces será fácil preguntarle.

Entré a la casa.

La música estaba demasiado alta.

Los niños corrían alrededor de la mesa.

Nadie parecía darse cuenta de que el cumpleaños de Mason acababa de convertirse en algo completamente distinto.

Encontré a mi hijo, Ethan, hablando con algunos invitados.

Cuando me vio, sonrió.

—Mamá, ¿dónde estabas?

Le mostré la fotografía.

Su sonrisa desapareció.

—¿Dónde encontraste eso?

—En el pastel.

—¿Qué?

—El pastel que Vanessa tiró a la basura.

Ethan miró inmediatamente hacia su esposa.

Ella negó con la cabeza.

—No fui yo.

Él se acercó a mí.

—Mamá, tenemos que hablar en privado.

—Eso llevo intentando conseguirlo.

Entramos en el despacho.

Cerré la puerta.

—Ahora dime la verdad.

Ethan se quedó callado.

—¿Qué había dentro del pastel?

Su rostro cambió.

—No lo sé.

—Vanessa dijo que había una memoria USB.

Él cerró los ojos.

—Mamá…

—¿Quién te pagó?

Levantó la cabeza.

—¿Qué?

—Alguien está pagando para que ese USB desaparezca. Quiero saber quién.

Ethan se sentó lentamente.

—No entiendes lo que está pasando.

—Entonces explícamelo.

Se pasó ambas manos por el rostro.

—Hace tres meses descubrí que alguien estaba utilizando mi nombre para mover dinero.

Me quedé inmóvil.

—¿Qué dinero?

—Dinero de una cuenta de la empresa.

—¿Y qué tiene que ver el pastel?

—La memoria contiene pruebas.

—¿Pruebas de qué?

Ethan tragó saliva.

—De que yo no fui quien hizo esas transferencias.

Sentí un nudo en el estómago.

—Entonces, ¿quién fue?

—No lo sé.

—¿Y por qué Vanessa sabía lo del USB?

Ethan no respondió.

—Ethan.

Finalmente dijo:

—Porque Vanessa encontró el USB antes que yo.

—¿Dónde?

—En mi despacho.

Me quedé mirándolo.

—¿Y por qué no me lo dijiste?

—Porque alguien nos estaba amenazando.

—¿A ti y a Vanessa?

—Sí.

—¿Con qué?

Ethan bajó la voz.

—Con destruir nuestra familia.

Entonces escuchamos un golpe en la puerta.

Era Mason.

—Papá, ¿puedo entrar?

Ethan se levantó rápidamente.

—Ahora no, campeón.

Mason abrió un poco la puerta.

—La abuela está triste.

Ethan me miró.

Yo respiré profundamente.

—Ve con tu hijo.

Ethan salió.

Yo me quedé sola en el despacho.

Saqué el teléfono.

El mensaje seguía allí.

“No confíes en Vanessa.”

Pero había algo que no encajaba.

Si Vanessa realmente quería esconder el USB, ¿por qué había intentado recuperarlo delante de mí?

¿Y por qué había ofrecido quinientos dólares?

Tal vez no estaba intentando recuperar el USB para destruirlo.

Tal vez estaba intentando recuperarlo antes de que alguien más lo encontrara.

Recordé la expresión de su rostro cuando Daniel dijo que había visto el sobre.

No parecía culpabilidad.

Parecía miedo.

Salí del despacho y encontré a Vanessa sola en la cocina.

—Dime la verdad.

Ella se quedó quieta.

—Ya te dije…

—No.

La interrumpí.

—Esta vez no quiero explicaciones. Quiero la verdad.

Vanessa comenzó a llorar.

—Yo no tiré el pastel porque pareciera barato.

—Lo sé.

—Lo tiré porque sabía que alguien estaba buscándolo.

—¿Quién?

—No lo sé.

—¿Entonces por qué querías recuperarlo?

Ella miró hacia la puerta para asegurarse de que nadie estuviera escuchando.

—Porque sabía que la memoria estaba dentro.

—¿Cómo lo sabías?

Vanessa respiró profundamente.

—Porque fui yo quien la puso allí.

Me quedé sin palabras.

—¿Tú?

Asintió.

—La encontré en el despacho de Ethan. Había documentos junto a ella. Transferencias, cuentas, nombres… y una copia de un contrato.

—¿Qué contrato?

—Uno que demostraba que alguien había estado utilizando a Ethan para sacar dinero de la empresa.

—¿Quién?

Vanessa negó con la cabeza.

—No pude descubrirlo.

—Entonces, ¿por qué escondiste la memoria en mi pastel?

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Porque sabía que si la dejaba en casa, la encontrarían.

—¿Y por qué mi pastel?

Vanessa soltó una pequeña sonrisa triste.

—Porque Mason me dijo que tú eras la única persona en quien confiaba completamente.

Sentí que el corazón se me encogía.

—¿Mason sabía algo?

—No. Solo me dijo que su abuela siempre encontraba una solución.

Me quedé callada.

Entonces escuchamos un ruido detrás de nosotros.

La puerta trasera se había abierto.

Vanessa palideció.

—No…

—¿Qué pasa?

Ella tomó mi brazo.

—Esa puerta estaba cerrada.

Alguien había entrado.

Escuchamos pasos.

Lentos.

Luego una voz masculina.

—Vanessa.

Ella se estremeció.

Yo conocía aquella voz.

Era Daniel.

Pero había algo extraño.

No hablaba como el organizador de fiestas amable que había visto minutos antes.

Su tono era frío.

—¿Dónde está la memoria?

Vanessa me apretó el brazo.

—No la tengo.

Daniel apareció en la cocina.

—Sé que la encontraste.

—No.

Él miró hacia mí.

—Entonces pregúntale a tu suegra.

Sentí un escalofrío.

—¿Qué quieres de mí?

Daniel sonrió.

—La memoria.

—No la tengo.

—Todavía.

Sacó su teléfono y me mostró una fotografía.

Era Mason.

Estaba afuera de la escuela.

La fotografía había sido tomada ese mismo día.

Mi sangre se congeló.

—Si entregas el USB —dijo Daniel—, el niño estará a salvo.

Vanessa se puso delante de mí.

—¡No lo metas a él!

Daniel la miró.

—Entonces dime dónde está.

Vanessa negó con la cabeza.

—No lo sé.

Daniel dio un paso adelante.

—Tienen hasta medianoche.

Después salió por la puerta trasera.

Durante unos segundos ninguna de las dos habló.

Entonces escuchamos un grito desde la sala.

—¡Mamá!

Era Ethan.

Corrimos.

Lo encontramos junto a la mesa.

Tenía el rostro completamente pálido.

—Mamá… Mason no está.

Miré alrededor.

Los invitados seguían allí.

La música continuaba sonando.

Pero mi nieto había desaparecido.

Y sobre la silla donde había estado sentado encontré un pequeño papel.

Lo recogí con manos temblorosas.

Solo tenía seis palabras:

“Ahora sabes cuánto vale tu pastel.”

Miré a Vanessa.

Ella empezó a llorar.

Y comprendí que los quinientos dólares nunca habían sido por el pastel.

Habían sido el precio que Vanessa estaba dispuesta a pagar para salvar a mi nieto.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

Related Articles