Capítulo 2 — El trato que mi hija nunca conoció – News

Capítulo 2 — El trato que mi hija nunca conoció

Capítulo 2 — El trato que mi hija nunca conoció

Capítulo 2 — El trato que mi hija nunca conoció

Graham no apartó los ojos de mí.

Por unos segundos, ninguno de los dos habló.

Yo seguía sosteniendo la copa entre mis manos, pero había dejado de sentir el sabor del vino.

—¿Qué trato? —repetí.

Graham se inclinó ligeramente hacia delante.

—El que hiciste hace veintiséis años.

Sentí un escalofrío.

—No sé de qué estás hablando.

—Sí lo sabes.

Su voz era tranquila.

Demasiado tranquila.

Miré hacia el pasillo.

Marissa todavía no regresaba.

—Si esto es algún tipo de broma…

—No estoy bromeando.

Graham sacó lentamente un sobre del bolsillo interior de su chaqueta.

Lo colocó sobre la mesa.

Mi nombre estaba escrito en el frente.

Eleanor Bennett.

Mi corazón comenzó a latir más rápido.

—¿De dónde has sacado eso?

—De la persona que me contrató.

Me quedé paralizada.

—¿Quién te contrató?

Graham no respondió inmediatamente.

—Antes de contestarte, necesito saber si vas a cumplir tu parte.

—No sé cuál es mi parte.

Él empujó el sobre hacia mí.

—Abrirlo.

Mis dedos temblaron mientras rompía el borde.

Dentro había una fotografía.

Tuve que sentarme.

Era una fotografía de Marissa cuando tenía apenas seis años.

Estaba sentada en un banco frente a su escuela.

Pero yo no había tomado aquella fotografía.

Alguien la había observado.

Alguien la había seguido.

Debajo había otra fotografía.

Marissa, unos años mayor, saliendo de la universidad.

Y después otra.

Marissa entrando en un restaurante.

Todas habían sido tomadas desde lejos.

—¿Quién hizo esto?

—La misma persona que me pidió que me acercara a tu hija.

Levanté la mirada.

—¿Te acercaste a ella por encargo?

Graham asintió.

Sentí que el estómago se me cerraba.

—Entonces no la amas.

Su expresión cambió ligeramente.

—Eso no es tan sencillo.

—Para mí sí lo es.

—Cuando conocí a Marissa, el trato ya estaba hecho.

—¿Qué trato?

Graham respiró profundamente.

—Me ofrecieron una cantidad enorme de dinero para hacerme pasar por el hombre perfecto para ella.

Sentí que se me humedecían los ojos.

—¿Y aceptaste?

—Sí.

La respuesta fue inmediata.

Sin excusas.

Sin vergüenza.

—¿Cuánto?

Graham dijo la cantidad.

Por un instante pensé que había escuchado mal.

Era suficiente para cambiarle la vida a cualquiera.

—¿Y qué tenías que hacer?

—Conquistarla.

Me quedé mirando la mesa.

—¿Solo eso?

—Al principio.

Levantó la mirada.

—Después debía conseguir algo.

—¿Qué?

Graham señaló el sobre.

—Un documento.

—¿Qué documento?

—El testamento de tu difunto marido.

Mi respiración se detuvo.

Hacía años que no escuchaba hablar de ese documento.

El padre de Marissa había desaparecido cuando ella era pequeña.

Nunca había vuelto.

Todos me habían dicho que había muerto años después, pero nunca encontré pruebas suficientes para confirmar exactamente qué había sucedido.

—¿Por qué quieren su testamento?

Graham negó con la cabeza.

—No quieren el testamento.

Sacó otra hoja.

—Quieren saber qué estaba escondido dentro.

Antes de que pudiera preguntarle más, escuchamos pasos.

Graham guardó rápidamente los documentos.

Marissa apareció en el pasillo con una sonrisa.

—Perdón, mamá. Estaba buscando las servilletas.

Miró a Graham.

—¿Todo bien?

Él volvió a sonreír.

La misma sonrisa cálida de unos minutos antes.

—Perfectamente.

Yo apenas podía respirar.

Marissa se sentó a su lado.

—¿De qué hablaban?

Graham me miró durante una fracción de segundo.

—De la boda.

Marissa sonrió.

—¿Mamá?

Intenté devolverle la sonrisa.

—Sí, cariño.

—¿Te gusta Graham?

Miré al hombre que acababa de confesarme que había sido contratado para conquistar a mi hija.

—Todavía lo estoy conociendo.

Marissa soltó una pequeña carcajada.

—Eso es un sí en idioma de mamá.

Graham tomó su mano.

Y, aunque sabía que todo podía ser una mentira, vi algo extraño en sus ojos.

No parecía estar actuando.

Parecía sentir algo real.


Esa noche, después de que Graham se marchara, Marissa se quedó conmigo en la cocina.

—Mamá, ¿puedo preguntarte algo?

—Claro.

—¿Por qué nunca me hablaste de papá?

Me quedé inmóvil.

—¿Por qué preguntas eso ahora?

—Graham me preguntó algunas cosas.

Sentí un nudo en el estómago.

—¿Qué cosas?

—Sobre mi infancia. Sobre papá. Sobre la mancha de mi rostro.

Bajé la mirada.

—¿Qué le dijiste?

—Lo mismo que siempre.

Hizo una pausa.

—Que papá se fue cuando yo era pequeña y que tú nunca quisiste hablar mal de él.

Asentí.

Marissa tomó mi mano.

—Pero hay algo que nunca entendí.

—¿Qué?

—¿Por qué él desapareció realmente?

No pude responder.

Porque había una verdad que nunca le había contado.

Su padre no había desaparecido voluntariamente.

La noche que se fue, alguien había llamado a nuestra puerta.

Dos hombres habían hablado con él durante menos de diez minutos.

Después él había entrado en casa, había besado a Marissa mientras dormía y me había dicho:

“Si algún día alguien pregunta por ella, dile que no sabes nada.”

A la mañana siguiente había desaparecido.

Nunca volvió.

Nunca encontré una explicación.

Hasta aquella noche.

Cuando Marissa se fue a dormir, regresé a la mesa.

Abrí nuevamente el sobre.

Había una última hoja que no había visto.

Era una copia de un documento legal.

En la parte inferior aparecía una firma.

La reconocí inmediatamente.

La firma de mi marido.

Pero la fecha era imposible.

Había sido firmado tres años después de su supuesta desaparición.

Mi mano empezó a temblar.

Entonces apareció un mensaje en mi teléfono.

Número desconocido.

Solo decía:

“Graham ya cumplió su parte. Ahora cumple la tuya. Entrégale la llave antes de la boda.”

Miré hacia el piso de arriba.

Marissa estaba allí.

Y, por primera vez, comprendí que quizá su prometido no había entrado en nuestras vidas para robar algo.

Quizá alguien lo había enviado para descubrir dónde había escondido yo la llave que llevaba veintiséis años protegiendo.

Y esa llave podía revelar qué le había ocurrido realmente al padre de Marissa.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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