CAPÍTULO 4 — La noche que alguien organizó
CAPÍTULO 4 — La noche que alguien organizó
No pude dejar de pensar en aquella frase.
«Averigua quién organizó aquella noche.»
Al día siguiente, llamé al hombre que me había enviado las grabaciones.
Aceptó encontrarse conmigo en una cafetería cerca de mi trabajo.
Cuando llegó, parecía incómodo.
—Me llamo Ethan —dijo—. No quiero problemas. Solo creo que tienes derecho a saber lo que pasó.
—Entonces cuéntamelo todo.
Ethan sacó el teléfono.
—La fiesta no fue exactamente una fiesta espontánea.
Me mostró una conversación grupal.
El primer mensaje había sido enviado por la hermana de Lauren.
«Lauren necesita distraerse. Esta noche nadie habla de su matrimonio.»
Después aparecieron varios mensajes sobre el lugar, la hora y quién asistiría.
Pero había algo más.
Una transferencia bancaria.
Lauren había pagado el alquiler de una habitación privada del local.
—¿Ella organizó todo? —pregunté.
Ethan asintió.
—Sí. Y había una razón específica para invitar a esos tres hombres.
—¿Cuál?
Ethan bajó la voz.
—Uno de ellos es amigo de un abogado especializado en divorcios. Lauren quería saber cómo funcionaría una separación y qué ocurriría con sus bienes.
Sentí un frío extraño.
—¿Estaba planeando divorciarse de mí?
—Eso parecía.
Ethan deslizó otra captura.
Era un mensaje de Lauren a su hermana:
«Si todo sale como espero, él creerá que el bebé es suyo y yo no tendré que preocuparme por el dinero.»
Me quedé completamente inmóvil.
Aquello ya no era una simple infidelidad.
Había un plan.
Pero todavía faltaba una pieza.
—¿Quién es el padre?
Ethan negó con la cabeza.
—No lo sé.
—¿Y por qué me contactaste?
Sacó otro documento.
—Porque encontré esto después de aquella noche.
Era una factura de una clínica.
La fecha era anterior a la fiesta.
El nombre de Lauren aparecía en la parte superior.
La miré.
—¿Qué es esto?
—No estoy seguro.
Leí el documento una segunda vez.
Entonces entendí.
Era una cita para una prueba de fertilidad.
Lauren había acudido a la clínica semanas antes.
Y en el apartado de observaciones aparecía una referencia a un tratamiento reciente.
Me quedé sin palabras.
—¿Ella estaba intentando quedarse embarazada?
Ethan asintió.
—Eso creo.
Regresé a casa de mi hermano y llamé a mi abogado.
Después contacté con un médico para conocer las opciones disponibles para determinar la paternidad de forma segura y legal.
No quería especular.
No quería acusar a nadie.
Quería hechos.
Esa tarde, Lauren me llamó.
—¿Dónde estás?
—Con mi hermano.
—Tenemos que hablar.
—Ya hablamos bastante.
—No. Ahora puedo contarte toda la verdad.
Acepté verla.
Cuando llegó, llevaba una carpeta.
La puso sobre la mesa.
—Sé que ya descubriste lo de Daniel.
—Y lo de la fiesta.
Ella cerró los ojos.
—Sí.
—¿Por qué?
Lauren comenzó a llorar.
—Porque quería tener un hijo contigo. Pero nuestra relación llevaba años deteriorándose y tenía miedo de que nunca ocurriera.
—Eso no justifica nada.
—Lo sé.
Entonces sacó un segundo documento.
—Pero hay algo que tampoco sabes.
Era un informe médico.
Lo leí.
Y mi expresión cambió.
El documento indicaba que Lauren había recibido un tratamiento de fertilidad semanas antes de aquella noche.
Por eso la prueba positiva no podía utilizarse para determinar quién era el padre.
—¿Por qué hiciste todo esto? —pregunté.
Ella respondió con una voz casi inaudible:
—Porque quería que tuvieras una razón para quedarte.
Sentí una tristeza profunda.
—Un hijo nunca puede ser una razón para obligar a alguien a quedarse.
Lauren asintió.
—Lo sé ahora.
En ese momento, mi teléfono vibró.
Era el laboratorio.
La prueba de paternidad que habíamos solicitado ya tenía resultado.
Abrí el mensaje.
Leí la primera línea.
Luego la segunda.
Y tuve que sentarme.
Lauren me miró aterrorizada.
—¿Qué dice?
Levanté lentamente la vista.
—Dice que el bebé…
Me detuve.
Porque el resultado no solo respondía a la pregunta de quién era el padre.
También revelaba que la historia de aquella noche había sido construida sobre una mentira mucho más grande.
Y esta vez, tenía la prueba delante de mí.