Capítulo 2: Derek descubrió demasiado tarde con quién se había casado – News

Capítulo 2: Derek descubrió demasiado tarde con quién se había casado

Capítulo 2: Derek descubrió demasiado tarde con quién se había casado

Capítulo 2: Derek descubrió demasiado tarde con quién se había casado

El látigo pasó frente a mi rostro.

Me aparté.

Derek esperaba que gritara.

Esperaba que retrocediera.

Esperaba que le suplicara.

En cambio, avancé.

Agarré su muñeca antes de que pudiera recuperar el equilibrio y giré su brazo con precisión.

—¡Ah!

El látigo cayó al suelo.

Derek intentó liberarse.

No pudo.

Lo hice girar y utilicé su propio impulso para desequilibrarlo.

Un segundo después, estaba de rodillas.

—¿Qué demonios…?

No le di tiempo para terminar.

Lo llevé al suelo y controlé su brazo.

Derek golpeó la alfombra con la mano.

—¡Suéltame!

—Te dije que dejaras el látigo.

—¡Emily!

Su voz ya no tenía la seguridad de unos segundos antes.

Ahora había miedo.

Lo mantuve inmovilizado durante unos instantes.

No quería hacerle daño.

Solo quería que entendiera algo.

Yo no era la mujer indefensa que había imaginado.

—Escúchame —dije—. No vuelvas a levantar eso contra mí.

Derek respiraba con dificultad.

—¿Quién eres?

La pregunta me hizo sonreír.

—Tu esposa.

—No.

Intentó girarse.

—No eres quien dijiste que eras.

—Nunca mentí sobre quién era.

Lo solté y me puse de pie.

Derek se incorporó lentamente.

Se llevó una mano a la muñeca.

Me miró como si acabara de conocerme por primera vez.

—¿Karate?

Asentí.

—Cinturón negro de primer grado.

—¿Desde cuándo?

—Desde los diecisiete años.

Derek miró el látigo en el suelo.

Luego volvió a mirarme.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

—Nunca preguntaste.

Se quedó en silencio.

Durante dieciocho meses había creído conocerme.

Había visto mis vestidos.

Mi trabajo.

Mis hábitos.

Mis amigos.

Había observado cómo evitaba las discusiones.

Y había confundido mi tranquilidad con debilidad.

Pero aquello no era lo único que había ocultado.

Me acerqué a la cama y tomé el libro de reglas.

Lo levanté frente a él.

—¿Esto es una broma?

Derek negó con la cabeza.

—No.

—Entonces explícame algo.

Abrí el cuaderno.

—¿Por qué pensaste que aceptarías que controlaras mi salario?

—Porque somos una pareja.

Solté una pequeña risa.

—No. Según tus propias reglas, tú eres el dueño y yo soy la propiedad.

Su mandíbula se tensó.

—Estás exagerando.

—¿Ah, sí?

Le mostré la primera página.

—“Necesitas permiso para salir de casa.”

Pasé la página.

—“Tu salario será depositado en una cuenta que yo controlo.”

Otra página.

—“No podrás ver a nadie que yo considere una mala influencia.”

Finalmente levanté la última página.

—Y esta.

La tinta roja parecía todavía fresca.

La desobediencia tiene consecuencias.

Derek no dijo nada.

—¿Qué consecuencias?

Silencio.

—Derek.

Él apartó la mirada.

—No tienes que preocuparte por eso.

—Acabas de intentar golpearme con un látigo.

—No iba a…

Lo interrumpí.

—Sí ibas.

Su expresión cambió.

Por primera vez, parecía avergonzado.

Pero no me dejé engañar.

Una disculpa habría significado algo.

Una excusa no.

Tomé mi teléfono.

—Voy a llamar a la recepción.

Derek levantó la cabeza.

—¿Para qué?

—Para pedir otra habitación.

—Emily, estamos en nuestra luna de miel.

—Nuestra luna de miel terminó hace diez segundos.

—No puedes simplemente irte.

Lo miré.

—Mira cómo lo hago.

Me dirigí hacia la puerta.

Derek se levantó rápidamente.

—Espera.

Su tono volvió a ser autoritario.

Me detuve.

—¿Qué?

—Si sales de esta habitación, todo el mundo sabrá lo que pasó.

—Perfecto.

Su rostro palideció.

—Mi familia está aquí.

—La mía también.

—No entiendes.

—Entiendo perfectamente.

Me acerqué a la puerta.

—Tienes dos opciones.

Levanté dos dedos.

—Primera: llamamos a la policía y les explicamos por qué llevaste un látigo a nuestra noche de bodas.

Bajé un dedo.

—Segunda: firmas los documentos de anulación y terminamos esto sin hacer una escena.

Derek me miró fijamente.

—¿Ya tienes documentos de anulación?

Saqué un sobre de mi bolso.

Lo dejé sobre la mesa.

—Los preparé antes de la boda.

Su expresión cambió completamente.

—¿Antes?

Asentí.

—Tenía una mala sensación.

—¿Sobre mí?

—Sobre el matrimonio.

Derek abrió el sobre.

Dentro estaban los documentos.

Su nombre.

Mi nombre.

Los espacios correspondientes a nuestras firmas.

Y una fecha.

La de nuestra boda.

—¿Cuándo preparaste esto?

—Hace tres días.

—¿Por qué?

Lo miré directamente.

—Porque durante dieciocho meses estuviste intentando convencerme de que necesitaba un hombre que me protegiera.

Hice una pausa.

—Y durante dieciocho meses intenté averiguar qué estabas tratando de esconder.

Derek se quedó completamente inmóvil.

—¿Qué significa eso?

No respondí.

Porque ahora quería saber cuánto sabía realmente.

Durante nuestra relación, Derek siempre había hablado de confianza.

Pero nunca había sido completamente transparente conmigo.

Había reuniones de las que nunca hablaba.

Cuentas que no me permitía ver.

Y una empresa familiar donde, curiosamente, Lorraine tenía más poder del que Derek admitía.

Yo había visto suficientes señales.

Por eso había investigado.

Por eso había preparado los documentos.

Y por eso no pensaba marcharme sin entender qué había detrás de aquella noche.

Derek tomó el bolígrafo.

—Si firmo esto, ¿qué obtengo?

Lo miré sorprendida.

Incluso en ese momento estaba negociando.

—Tu libertad.

—¿Y tú?

—La mía.

Derek sostuvo el bolígrafo sobre el papel.

Pero no firmó.

Entonces alguien llamó a la puerta.

Tres golpes.

Derek levantó la cabeza.

Yo también.

Una voz femenina llegó desde el otro lado.

—Derek.

Reconocí la voz inmediatamente.

Lorraine.

—Abre la puerta.

Derek me miró.

Su expresión había cambiado.

Ya no parecía arrogante.

Parecía preocupado.

—¿Qué quiere mi madre? —pregunté.

Derek no respondió.

Los golpes volvieron a sonar.

Esta vez fueron más fuertes.

—Derek, sé que ella está ahí.

Me acerqué lentamente a la puerta.

Entonces escuché algo que me hizo detenerme.

Lorraine dijo en voz baja:

—Si Emily encuentra los documentos, estamos todos acabados.

Miré a Derek.

Él se quedó pálido.

Y en ese instante comprendí que el látigo y el libro de reglas quizá no eran lo peor que mi esposo había preparado para nuestra noche de bodas.

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Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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