Capítulo 2: A mi nombre – News

Capítulo 2: A mi nombre

Capítulo 2: A mi nombre

Capítulo 2: A mi nombre

—¿El Toyota? —repetí—. ¿Mi Toyota?

Escuché el mensaje otra vez.

“Iris Elizabeth Collins. Si no devuelves este coche de inmediato, lo denunciaré como robado.”

—¿Robado? —dije—. ¿Mi propio coche?

—¿Qué pasa? —preguntó Mónica.

—Mi padre —dije—. Dice que devuelva el coche. O lo denuncia como robado.

—¿Qué coche? —dijo.

—El Toyota —dije—. El que pagué yo. Hace dos años.

—¿Y está a tu nombre? —preguntó.

—Sí —dije—. Solo al mío.

—Entonces no puede —dijo—. ¿No?

—No puede —dije—. Pero lo intentó. O lo va a intentar.

Llamé a mi padre.

—¿Qué coche? —pregunté.

—¡El Toyota! —gritó—. ¡Devuélvelo!

—¿Por qué? —dije—. Es mío. Lo pagué yo.

—¡Yo firmé! —dijo—. ¡Cuando lo compraste!

—¿Y? —dije—. Lo terminé de pagar. El título está a mi nombre. Solo al mío.

—¡Como tu padre, te ordeno…! —dijo.

—¿Me ordenas? —dije—. ¿Qué me ordenas, papá?

—¡Que vuelvas! —dijo—. ¡Y que devuelvas el coche!

—¿Para qué lo quieres? —pregunté.

—No es asunto tuyo —dijo.

—Es mi coche —dije—. Es asunto mío.

—¡Eres una desagradecida! —gritó—. ¡Después de todo lo que hicimos por ti!

—¿Todo? —dije—. ¿La hucha de dos dólares? ¿Eso es “todo”?

—¡No seas dramática! —dijo, igual que en Navidad.

—¿Dramática? —dije—. ¿Como cuando me fui a las 2:17 de la mañana?

—Vuelve —dijo—. Y trae el coche.

—No —dije.

—¿No? —dijo.

—No —repetí, y colgué.

Llamé a la policía. No emergencias. La línea normal.

—¿Hay algún reporte? —pregunté—. ¿De un Toyota robado?

—¿Su nombre? —dijo el agente.

—Iris Elizabeth Collins —dije.

—¿El título está a su nombre? —preguntó.

—Sí —dije.

—Entonces no hay robo —dijo—. ¿Hay un reporte presentado?

—¿Hay? —pregunté.

—Sí —dijo—. Su padre presentó uno ayer.

—¿Y? —dije.

—Y nada —dijo—. Con el título a su nombre, no procede. ¿Quiere denunciar el reporte falso?

—¿Falso? —dije.

—Presentar una denuncia falsa es un delito —dijo.

—¿Todavía no? —dije—. ¿Puedo pensarlo?

—Puede —dijo.

—¿Mónica? —dije—. ¿Sabes qué es lo peor?

—¿Qué? —dijo.

—Que ni siquiera sé para qué lo quiere —dije.

—¿El BMW? —dijo Mónica—. ¿No era de Chelsea?

—Era —dije—. ¿O no?

Llamé a mi madre.

—¿Mamá? —dije—. ¿Para qué quiere papá mi coche?

—No lo sé —dijo, rápido.

—¿Mamá? —dije.

—Chelsea… —dudó.

—¿Chelsea qué? —pregunté.

—El BMW —susurró—. No es… no es de ella.

—¿Qué? —dije.

—Es un leasing —dijo—. Lo alquilaron. Por dos años.

—¿Un leasing? —dije—. ¿El regalo de sesenta mil?

—Tu padre quiso… —dijo—. Quiso impresionarla.

—¿Y mi coche? —dije—. ¿Para qué?

—Para venderlo —admitió—. Para pagar el leasing.

—¿Vender MI coche? —dije—. ¿Sin mi permiso?

—Eres familia —dijo—. ¿No puedes…?

—No —dije.

—¿No? —dijo.

—No —repetí.

—¿Y tu ascenso? —preguntó Mónica, aquella noche—. ¿El de ingeniero?

—No se lo dije —dije—. Nunca pude.

—¿Me lo dices a mí? —dijo.

—Ingeniero estructural sénior —dije.

—¡Felicidades! —gritó, abrazándome—. ¡Eso sí es un regalo!

Lloré. Por primera vez en tres semanas.

Sonó mi teléfono. La policía.

—¿Señorita Collins? —dijo—. Su padre presentó una denuncia por robo. Necesitamos que venga a aclararlo.

—¿Tengo que ir? —pregunté.

—Sí —dijo—. A Portland.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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