Capítulo 3: No me caí – News

Capítulo 3: No me caí

Capítulo 3: No me caí

Capítulo 3: No me caí

—No me caí —repitió mi madre—. Perdóname.

—¿Quién fue? —pregunté.

—Vivian —susurró.

—¿Te agarró? —dije.

—Le pedí sentarme —dijo—. Me dolían las manos. La artritis… Le dije: “Necesito sentarme un momento.”

—¿Y? —dije.

—Me agarró de la muñeca —dijo—. Me arrastró de vuelta a la estufa. Tropecé. Me di en la mejilla con la encimera.

—¿Y Ryan? —pregunté.

Silencio.

—¿Ryan estaba? —insistí.

—Estaba en la sala —dijo.

—¿Lo vio? —pregunté.

—Lo vio —dijo—. Y cambió de canal.

—¿Cambió de canal? —repetí.

—Sí —dijo.

—¿Por qué no me lo dijiste? —dije, llorando.

—Porque no quería preocuparte —dijo—. Porque Ryan es tu esposo.

—¿Mi esposo? —dije—. Mamá, un hombre que ve eso y cambia de canal no es un esposo.

—Lo sé —dijo—. Ahora lo sé.

—¿Cuánto tiempo? —pregunté—. ¿Cuánto tiempo llevas así?

—Desde que llegué —dijo—. Hace tres semanas.

—¿Tres semanas? —dije—. ¿Cocinando? ¿Lavando? ¿Planchando?

—Decía que venía a trabajar —dijo—. “Tu madre vino aquí a trabajar, no a descansar.” ¿La oíste?

—La oí —dije.

—¿Y Ryan? —pregunté—. ¿Qué decía Ryan?

—Nada —dijo—. Ryan nunca decía nada.

Al día siguiente la llevé al médico.

—¿Estos moretones? —dijo—. ¿Cómo…?

—Se lo cuento yo —dije.

Lo conté. El médico documentó todo.

—¿Quiere denunciar? —preguntó.

—No quiero problemas —dijo mi madre.

—¿Problemas? —dije—. ¿Para quién, mamá?

—Para ti —dijo—. Para tu matrimonio.

—¿Mi matrimonio? —dije—. ¿Cuál matrimonio?

Ryan vino. A la puerta. Por el interfono.

—¿Puedo ver a los niños? —dijo.

—¿Ahora? —pregunté.

—Son mis hijos —dijo.

—¿Lo sabías? —dije—. ¿Lo de los moretones?

—¿Qué moretones? —dijo.

—¿No lo viste? —pregunté—. ¿O lo viste y cambiaste de canal?

Silencio.

—¿Lo viste, Ryan? —insistí.

—No… no quise verlo —admitió.

—¿No quisiste? —dije.

—No —dijo.

—¿Y mi madre? —dije—. ¿Tres semanas tratándola como empleada?

—Mi madre es así —dijo.

—¿Y tú? —dije—. ¿Cómo eres tú?

—Yo… —dudó.

—Contesta —dije.

—Cobarde —dijo—. Soy un cobarde.

—¿Lo eras? —dije—. ¿O lo sigues siendo?

Vivian llamó aquella noche.

—¿Vas a volver? —dijo.

—No —dije.

—¿Y mis nietos? —dijo.

—¿Tus nietos? —dije—. ¿Los que lloraban mientras veías la televisión?

—Ryan va a pedir la custodia —dijo.

—¿La custodia? —dije—. ¿Con qué dinero va a pagar un abogado?

—Ya lo verás —dijo.

—¿Mamá? —le dije a la mía, después—. ¿Te quedas aquí? En esta casa. Conmigo y los gemelos.

—¿Aquí? —dijo—. ¿En esta mansión?

—Es mi casa —dije—. Y es tu casa también.

—¿De verdad? —dijo.

—De verdad —dije.

Llegó una carta. Del abogado de Ryan.

“Solicita la custodia temporal de los menores y su regreso a su hogar.”

—¿Su hogar? —dije—. ¿El que yo pagaba?

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

Related Articles