Capítulo 2: El otro disco
Capítulo 2: El otro disco
Seguí el dedo de Ethan. Hacia la puerta de entrada.
En el marco, a la altura de la mano de un niño, había otro disco negro. Idéntico.
—¿Hay otro? —susurré.
—Sí —dijo Ethan.
—¿Lo viste antes? —preguntó el agente.
—No —dije—. Nunca.
—¿Y usted? —le preguntó a Ethan.
—No —dijo—. Solo… lo vi hoy. Cuando… cuando el hombre…
—¿Qué hombre? —dijo el agente.
—El de la escuela —susurró Ethan.
—¿Su esposo? —me preguntó el otro agente—. ¿Falleció hace tres años?
—Sí —dije.
—¿Cómo? —preguntó.
—Accidente de coche —dije.
—¿Dónde? —dijo.
—En la autopista —dije—. ¿Por qué?
Intercambiaron una mirada.
—¿Qué? —dije.
—Nada —dijo—. Todavía.
Fotografiaron todo. Los dos discos. Sin tocarlos.
—¿Sabe qué son? —pregunté.
—Podrían ser rastreadores —dijo—. O micrófonos.
—¿Micrófonos? —dije—. ¿En mi hijo?
—Y en su puerta —dijo—. Para saber cuándo entran y salen.
—¿Quién haría eso? —pregunté.
—Eso queremos saber —dijo.
—¿Ethan? —dijo el agente, arrodillándose—. ¿Puedes contarme lo del hombre?
—Era alto —dijo Ethan—. Con barba. Gorra.
—¿Dónde? —preguntó.
—En la escuela —dijo—. A la salida.
—¿Qué te dijo? —dijo.
—Que conocía a papá —dijo—. Que papá le pidió que me cuidara.
—¿Y te puso eso? —dijo, señalando su oreja.
—Me dijo que era un amuleto —dijo Ethan—. Que no te lo dijera.
—¿Y le creíste? —preguntó.
—Dijo que conocía a papá —dijo Ethan, llorando—. Yo… yo quería que fuera verdad.
Lo abracé.
—¿El peluquero? —dijo el detective—. ¿Marcus? Queremos hablar con él.
—¿Por qué supo? —pregunté—. ¿Cómo lo vio?
—Eso le vamos a preguntar —dijo.
Llamaron a Marcus. Vino. A la casa.
—¿Cómo lo supo? —preguntó el detective.
—Porque vi uno igual —dijo Marcus.
—¿Dónde? —dijo.
—Hace años —dijo—. Trabajaba en seguridad. En un… en un sitio. Vi cómo los ponían.
—¿Y por eso no dijo nada? —pregunté—. ¿En la peluquería?
—Había gente —dijo—. No quería asustarlo. Ni asustarla.
—¿Me asustó igual? —dije.
—Lo siento —dijo.
—¿Y ahora? —dijo el detective—. ¿Qué hacemos?
—Nos llevamos los discos —dijo—. Los analizamos. Y usted…
—¿Yo? —dije.
—¿Su esposo? —dijo—. ¿Tuvo algún problema legal? ¿Antes de morir?
—¿Qué? —dije—. ¿Problema legal?
—Deudas —dijo—. Enemigos. Algo.
—No —dije—. Era… era normal. Trabajaba. Nos quería.
—¿En qué trabajaba? —preguntó.
—En… —dudé.
—¿En qué? —repitió.
—En una empresa de seguridad —dije—. De sistemas.